Carlos García Martínez «El Genocidio Económico Argentino. 1975-1989» (Bs. As., Macchi, 2003, 192 págs.)
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La trampa estratégica en la cual se encuentra encerrado el actual Ministro de Economía, por sus propias palabras de no pagar más que el 25 por ciento de la deuda argentina, es sólo una fase más de la falta de rumbo del sistema político nacional para establecer las prioridades del desarrollo económico. El sistema político argentino no ha sido consultado sino informado, como si nadie fuera capaz de poner en tela de juicio los supuestos implícitos sobre cuales se basa la propuesta tan objetada.
En su polémico libro «El Genocidio Económico Argentino», el Dr. Carlos García Martínez desarrolla una síntesis del notable proceso de destrucción de la economía argentina a partir del «rodrigazo» (o, como bien plantea el autor, del «cegetazo») de 1975: si se mide la inflación acumulada entre 1975 y 1989, los precios aumentaron en un índice equivalente a 5,6 millones (o sea, 545 millones por ciento), con un PBI estancado y una caída del PBI per cápita de 20 por ciento entre puntas.
Según el autor, la causa decisiva fue la concesión de «superpoderes» a la «tecnocracia económica», comenzando por el Ministro Martínez de Hoz y transfiriendo luego los superpoderes, de tiempo en tiempo, al Ministerio de Economía o al Banco Central de manera alternada. De esta manera la inflación era fiscal o cuasifiscal, depende de quien fuera el que mandaba, dando origen a un fenómeno de transferencia del poder de control del Estado desde la dirigencia a la tecnocracia económica.
En ese contexto nace un nuevo sistema político, donde por ignorancia de las cuestiones económicas, generaciones de importantes líderes políticos entregaron el destino de la Argentina -además de sus propias carreras políticas-en manos de un pequeño grupo de personas con supuestos conocimientos esotéricos, que terminaron por adueñarse de los resortes del Estado. En cualquier país desarrollado del «Grupo de los Siete», la persona más importante es el Secretario de Estado, o el Primer Ministro: en la Argentina, la única persona relevante es el Ministro de Economía. Si cualquier ministro discrepa con el Ministro de Economía, no hay duda de que el Presidente de turno laudará a favor del Jefe del Palacio de Hacienda, tal vez porquecomprenda de qué habla. La tecnocracia económica reclama -según García Martínez poderes extraordinarios para cumplir los grandes designios, lo cual un Congreso sumiso -que representa a los partidos políticos, y no a los ciudadanos-le otorga de manera habitual y reiterada, a libro cerrado. La justicia concluye por servir fielmente al poder de turno, por impericia o por ignorancia para enfrentarse a las facultades absolutas exigidas por los tecnócratas, aunque se encuentren en contra de la Constitución. Por ello, los tecnócratas terminan constituyéndose en dictadores.
Para García Martínez, el camino de un desarrollo sustentable no puede surgir de un orden político-institucional dominado por la demagogia partidaria, ni tampoco de otro surgido de la tecnocracia económica dominadora del Estado, sino de una autentica economía política, a partir de que los tres poderes del Estado combinen los objetivos estratégicos con el rigor técnico exigido por el mundo actual.
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