«Pandillas de Nueva York» («Gangs of New York», EE.UU., G. Bretaña-Italia-Holanda-Alemania, 2002, habl. en inglés) Dir.: M. Scorsese. Int.: L. DiCaprio, D. Day-Lewis, C. Diaz, J. Broadbent, J. C. Reilly, L. Neeson y otros.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Afines de los '70, películas como «Apocalypse Now» o «Las puertas del cielo» fueron los últimos intentos de unir el mayor depliegue de producción posible con un revisionismo histórico sin concesiones a los habituales preconceptos hollywoodenses. Los distintos niveles de debacle económica que supusieron ambos films (pero especialmente el desastre de la película de Michael Cimino, sobre luchas de inmigrantes europeos y terratenientes estadounidenses) provocaron el final de este tipo de riesgos.
En las últimas décadas, salvo muy pocas excepciones («El último emperador», «La lista de Schindler», «Malcolm X», «Nacido para matar» o «JFK»), rara vez se volvió a aplicar todo el poderío de las viejas superproducciones a un tema realmente serio. El que más se acercó a esto probablemente sea Martin Scorsese en films como «Casino», «La última tentación de cristo» o «Kundun» (que increíblemente sigue sin estrenarse en la Argentina, ni siquiera en video). Pero estos films tuvieron presupuestos que, en el mejor de los casos, no llegan ni a la mitad de los costos de una superproducción de dimensiones increíbles e inéditas como el de «Pandillas de Nueva York».
• Clásico y moderno
Habría que pensar en algo tan grande, audaz y adulto como «El Gatopardo» o «La caída de los dioses» de Luchino Visconti, o «Lawrence de Arabia» de David Lean, sólo que con un estilo formal inusitadamente vanguardista para un proyecto tan grande, y lo que ya es casi milagroso, un tema ciento por ciento revulsivo enfocado de forma implacable y cruda, sin anestesia.
Estamos hablando de un tipo de film que directamente no existía, y que vuelve a darle al director el lugar que tenía en los tiempos de Fritz Lang, Erich Von Stroheim, Cecil B De Mille o David W. Griffith. Sin embargo, por organizar delirios de presupuesto aplicados a temas más potables para una superproducción, gente como Griffith y Stroheim pusieron en serio riesgo su carrera. «Pandillas de Nueva York» sucede durante los tiempos de la Guerra de Secesión -tema difícil para Hollywood como pocos-y es grande como «Lo que el viento se llevó», aunque es tan dura que a su lado «Taxi Driver» luce light. En la segunda mitad del siglo XIX Nueva York era un lugar mucho más salvaje de lo que la gente suele asumir (Borges ubicó muy bien los horrores urbanos de las ciudades norteamericanas de la época en «Historia Universal de la Infamia») con una cantidad de conflictos religiosos, raciales y políticos generando odios e intolerancia en todas direcciones. Un momento culminante de estos conflictos es una parte de la historia norteamericana que si bien está en los libros de historia, nadie suele conocer y quienes los conocen prefieren olvidarlo; los motines contra el reclutamiento en Nueva York provocaron una explosión de violencia en la que los inmigrantes irlandeses y los sectores indigentes de los ghettos más miserables, negándose a lu-char por la población negra a la que no le tenían ninguna simpatía (cada clase odiaba a quienes discriminaba, ya que competían en su medio pidiendo menos). Fue una lucha de todos contra todos, y el ejército contra todos los demás.
La historia de venganzas terribles y pasiones fuera de control que cuenta Scorsese (Leonardo Di Caprio quiere matar a Daniel Day-Lewis, el hombre responsable de la muerte de su padre, y se enamora de una ladrona vinculada a su enemigo, Cameron Díaz) está diseñada para recorrer los rincones más oscuros y dolorosos de un antiguo infierno de dimensiones épicas, y en cada agujero negro de dolor, muerte y cruel-dad se puede reconocer pefectamente lo peor del mundo actual.
No es posible explicar en unas pocas líneas lo magistral y asombrosa que es esta película, ni el gigantesco paso adelante que implica para el cine moderno. Scorsese puso todo, y lo mismo hicieron el elenco, el director de fotografía Michel Ballhaus y el excelente equipo italiano de dirección de arte. Es una obra única, demasiado compleja como para poder apreciar por completo en una primera visión. A pesar de que ubicarse a la altura de este milagro pueda implicar un gran esfuerzo del espectador, nadie debería perderse esta película.
Dejá tu comentario