Es tan clara esta dirección del film que, además, el único momento en el que la vida del protagonista corre auténtico peligro se debe a un hecho ridículamente trivial: cuando los rusos entran en Varsovia lo encuentran, famélico y barbado, vistiendo el abrigo de un oficial nazi para calentarse, y por cuestión de segundos no disparan sobre él. Algunos días antes lo había salvado, y hasta módicamente protegido, su destreza para interpretar
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