Los Angeles - Aunque sus personajes continúen con la misma avidez por resolver crímenes, Clint Eastwood ya no corre como Harry el Sucio. Los años pasan, también para las estrellas de Hollywood. Sin embargo, el actor, jazzman, y ex político no se resigna a colgar la chapa de detective, aunque aunque ahora investigue de una manera acorde a su edad.
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En su nueva película, «Deuda de sangre» («Blood Work»), que también dirige, interpreta a un policía que sufre un infarto persiguiendo a un criminal, y una vez en la clínica debe ser sometido a un transplante de corazón. Su médica (Anjelica Huston) es terminante: una vez que obtenga el alta, debe dedicarse a actividades más tranquilas, como la navegación.
Sin embargo una mañana, en cubierta, aparece una seductora mujer hispana que lo enfrenta a un nuevo caso, la investigación del asesinato de su hermana. En principio, el detective obedece la orden de su médica y se niega, pero la mujer insiste con un argumento que lo desarma: el corazón que ahora late en su cuerpo es el de su hermana asesinada.
Durante la presentación de «Deuda de sangre» en Los Angeles, dialogamos brevemente con Eastwood acerca de esta nueva producción en la que también actúan Jeff Daniels y Wanda De Jesús. Periodista: ¿Qué fue lo que más lo atrajo del libro? Clint Eastwood: La historia era interesante por la vulnerabilidad de su protagonista, tanto en lo físico como en lo psicológico. Es un policía mayor al que le cuesta sobreponerse a esos límites. A esta altura de mi carrera, esos papeles me resultan mucho más atractivos y desafiantes que simplemente el del detective que resuelve un caso y persi gue delincuentes por las calles. Me atraen los papeles desafiantes. P.: ¿Es como Harry el Sucio muchos años después? C.E.: De alguna forma, era una oportunidad para perfeccionar un papel que yo hice mucho tiempo, a lo largo de los años. Con seguridad este tipo de papel no me habría interesado tanto años atrás, pero naturalmente ahora sí. Es mucho más creíble. P.: ¿Sólo un detective otoñal?
C.E.: No, el papel deja entrever cuál fue el pasado de ese policía: un investigador prestigioso, de muy alta operatividad, que a lo largo de su carrera fue capaz de resolver casos muy complicados y cree, aun ahora, poder seguir haciéndolo, aunque debe sortear esos obstáculos físicos y psicológicos de los que hablábamos antes. En un momento, debe enfrentarse a la realidad de la jubilación, y la acepta. No es que quiera eternizarse. Pero la aparición de un nuevo caso íntimamente relacionado con la situación médica que está viviendo, y el modo en que le es planteado, casi como un chantaje emocional, le hace revisar su decisión de retirarse. Aquí viene lo más interesante del guión: cuando empieza a investigar ese nuevo caso, descubre que está producido directamente por su actual vulnerabilidad. Y ya no puede eludirlo. P.: ¿Fue un rodaje exigente?
C.E.: Paradójicamente sí. Porque a diferencia de la última película que dirigí, «Jinetes del espacio», más compleja desde el punto de vista técnico, de efectos especiales, esta nueva fue mucho más exigente porque yo debía estar todo el tiempo en pantalla, y la única historia que se cuenta es la del detective que interpreto. En la película anterior estaba más repartido, se contaban las historias del resto de los astronautas veteranos que después coincidían en la nueva misión espacial. Aquella fue una filmación más descansada, pero esta no. P.: ¿Le resulta cómodo dirigir y actuar al mismo tiempo? C.E.: Lo hice muchas veces, aunque reconozco que eso siempre plantea problemas. Si un actor dirige e interpreta sabe cuándo una escena ha salido bien. No hay vueltas: la intuición funciona y rara vez me he equivocado. En cambio, cuando ese actor sólo está dirigiendo a otros, suele ocurrir que se aparte un poco, emocionalmente, del centro de la escena, y adquiera un papel más 'voyeurístico'. Eso plantea un problema porque puede llegar a descomprometerse en su aspecto de actor. Pero, desde ya, tengo experiencia en esto, y aunque pase un buen rato sentado en la silla del realizador sin estar en escena, no me olvido de que mi lugar está en ambas partes.
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