28 de agosto 2006 - 00:00

El arte argentino ya casi domina subastas

CesáreoBernaldo deQuirós seráuna de lasestrellas deuna subastade arteargentino quemañanaofrecerá 130lotes de grancalidad yvariedad deestilos yprecios.
Cesáreo Bernaldo de Quirós será una de las estrellas de una subasta de arte argentino que mañana ofrecerá 130 lotes de gran calidad y variedad de estilos y precios.
Históricamente y hasta hace tan solo una década, los remates de arte en Buenos Aires tenían una oferta muy variada, donde la pintura europea representaba 20 por ciento de lo ofrecido, mobiliario otro tanto, platería, 10 por ciento, y objetos varios, 40 por ciento aproximadamente. La pintura argentina no solía superar 10 por ciento de la oferta, y solamente la casa Roldán hacía un importante apuesta a su comercialización en subastas.

Hoy el panorama ha cambiado radicalmente ante la incorporación de numerosos compradores de arte nacional: casi 50 por ciento de las subastas se dedican solamente a vender nuestro arte. Arroyo, Banco Ciudad, Indigo y Verbo son ejemplos de esto. La primera de las subastadoras citadas también cambió las reglas de venta al ser la primera en garantizarla autenticidad de lo vendido, aunque sólo se responsabiliza ante el comprador y no lo hace frente a herederos, sucesores, beneficiarios o cesionarios. Esto no tiene mayor justificacion. ya que si se está seguro de la autenticidad de la obra no hay porqué limitarla al que la compró, y lo que es más grave, si la compra se hizo hace más de cinco años la garantía desaparece. De todas maneras, hay que celebrar que se asuma alguna responsabilidad, porque antes los vendedores se desligaban del tema.

Anualmente, cerca de 1.200 obras son vendidas en Arroyo con un fabuloso promedio de efectividad que supera 97 por ciento. El secreto es la correcta publicidad, los cada vez mejores catálogos y el consentimiento de los vendedores de ofrecer las obras con bajas bases de venta. Mañana salen a subasta 130 lotes de calidad y variedad de obras y precios. Se destacan: un paisaje impresionista de Koekkoek, realizado en la década de 1910 en Mendoza; algún típico paisaje de Río Ceballos de Fray Guillermo Butler; una estupenda obra realista pero con espíritu surreal de Antonio Berni, de quien también vuelve a aparecer a la venta un niño con su balero, temática favorita de muchos de sus admiradores. También se ofrece un Quinquela de los últimos años (1967), típico y quizás demasiado vibrante de color, aunque siempre este artista tiene compradores para todas sus obras.

Hay, además, típicas obras de Maccio y un bello y emblemático ombú del ecológico Nicolás García Uriburu. Luego de buenas ventas en el año, aparece un Quirós de la década del cuarenta, donde el artista recrea el tema de los viajes por la pampa con las carretas encueradas como protagonistas.

A propósito, no es común ver obras de Quirós en el Museo de Bellas Artes; desaparecióla salita de aproximadamente 12 metros cuadrados donde se cumplía con el legado del artista entrerriano y se habían colgado 5 de sus obras de la serie de Los Gauchos.

Ahora hay algunos pequeños maestros holandeses y flamencos que dan unidad a la lectura de la planta baja del museo que está repleta de buen arte europeo, pero no le han encontrado lugar a la donación del artista y, como siempre, se corre el riesgo de que la donación que fuera aceptada por ley de la Nación sea revocada por su único heredero, como ya ha ocurrido, lo cual acarrearía consecuencias fatales al patrimonio nacional. Al menos por tres semanas en la Universidad Católica Argentina en Puerto Madero (Alicia Moreau de Justo 1300) se puede disfrutar de treinta de las obras de este notable artista.

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