28 de diciembre 2004 - 00:00

El arte de Clorindo Testa ahora al barrio del Abasto

Una vieja fábrica de aceite del barrio del Abasto, que ya funcionacomo centro cultural, será reciclada por Clorindo Testa, elegido por concurso junto a Juan Fontana y Oscar Lorenti.
Una vieja fábrica de aceite del barrio del Abasto, que ya funciona como centro cultural, será reciclada por Clorindo Testa, elegido por concurso junto a Juan Fontana y Oscar Lorenti.
Recuperado el «Mercado del Abasto Proveedor» con la apertura de un centro comercial y la construcción de viviendas alrededor, hoy el nuevo impacto que revitalizará con fuerza el barrio es el megaproyecto de la Ciudad Cultural Konex, un complejo edilicio que ganaron por concurso Clorindo Testa con la colaboración de Juan Fontana y Oscar Lorenti.

Luis Ovsejevich, presidente de la Fundación Konex, que convocó el concurso, se planteó la recuperación del Buenos Aires de la década del '30. Las bases recordaban que la vieja tradición del Abasto está ligada al Mercado homónimo y al mito de Gardel y el tango. El emprendimiento quedará además situado a dos cuadras de un futuro paseo peatonal en la calle Jean Jaurés.

Las bases del concurso para el Centro Konex planteaban un auditorio, un centro de convenciones, salas de exposiciones, restaurantes y locales comerciales, integrados con un aparthotel enfrente del complejo. Frente a estas exigencias, Testa fue consciente de las limitaciones y por ello partió del espacio preexistente. La transformación de la vieja fábrica de aceite de aproximadamente 7.000 m2, ocupaba la mitad de la manzana entre las calles Sarmiento y Jean Jaurés. El estudio se propuso mantener la imagen fabril, pero con un nuevo lenguaje. El techo de la gran sala simulará un tejido de bóvedas del ex Mercado de Abasto. La arquitectura ha sido pensada para un centro de actividades culturales que se propone conectarse con la ciudad.

«Otorgar a la ciudad una Plaza Pública sobre la calle Sarmiento, de dimensiones adecuadas al conjunto con un fuerte carácter delimitado por los diferentes edificios que lo conforman. Esta sirve de ámbito para distintas manifestaciones culturales, contando para ello con los servicios y la infraestructura necesaria (torre de proyecciones, iluminación, mobiliario urbano). Bares, carteleras, pantallas y terrazas accesibles terminan de darle el carácter urbano de la misma. La Plaza continúa espacialmente en la planta baja de los diferentes edificios permitiendo desarrollar actividades bajo techo y ampliando así los distintos usos»,
ha escrito el arquitecto-artista, distinguido con el Premio Arquitecto de América. En sus obras de mayor trascendencia (la sede del ex Banco de Londres, hoy Banco Hipotecario, la Biblioteca Nacional, el Centro Cívico de Santa Rosa, La Pampa) puede reconocerse la importancia asignada a lo urbano existente, y no sólo desde el punto de vista formal, sino como hecho socio-cultural. Uno de sus rasgos dominantes es que no desarrolla una tesis preconcebida acerca de cómo será el espacio y la materialización de cada edificio: ha de surgir de variables creativas que están siempre presentes en esta figura destacada de la arquitectura latinoamericana. La presencia del artista es evidente y notoria en las formas y los detalles de La Perla, la Plaza del Pilar, Soka Gakkai y Aerolíneas Argentinas, entre otras realizaciones de las últimas décadas.

Tanto el arte como la arquitectura son para Testa dos vías concurrentes de entendimiento y conocimiento, de expresión y comunicación. Por ello, con él estamos en presencia de un humanista, en un dilatado y noble sentido de un término que siempre define a los creadores. Y ésa es la clave: crear. Crear espacios estéticos dentro de la obra y sobre el terreno, donde el arte pueda vivir en el hombre y el hombre pueda vivir en la arquitectura. Esto no es un juego de palabras sino la síntesis de sus concepciones y convicciones: descansan sobre un fondo estético, como es (o debería ser) natural en todo creador. Arte y arquitectura, arquitectura y arte, se alían y confunden, se buscan y retroalimentan. El artista señala al arquitecto los problemas y las necesidades del hombre contemporáneo. El arquitecto asume la descarnada, lúcida visión que el artista traza de la realidad social y la historia, al tiempo que incita al artista a hurgar en el pasado y el presente, y a descubrir causas y efectos. Así sucede de manera sucesiva y circular, en una (pre)disposición autobiográfica que se advierte a lo largo de su obra, tan suya y tan autónoma.

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