12 de diciembre 2019 - 00:01

El artista en las sombras: un recorrido por las bambalinas

Las visitas reunieron productores y técnicos con público curioso por el oficio teatral.

En el hall. Se exhibieron intervenciones de sastrería, zapatería, utilería, escultura, pintura y artesanía en la última jornada escenotécnica del Teatro San Martín.

En el hall. Se exhibieron intervenciones de sastrería, zapatería, utilería, escultura, pintura y artesanía en la última jornada escenotécnica del Teatro San Martín.

Se realizó ayer la última jornada escenotécnica en el Teatro San Martín en la que el público recorrió el detrás de bambalinas y se acercó a intimidades del quehacer teatral en conversaciones con referentes de la producción artística, coordinación de escenario, sonido, maquinaria, herrería artística, movimiento de escenario, utilería, iluminación y escenografía.

“Este teatro me enseñó mil cosas”, contó Rubén “Pantera” Martínez, primer jefe de maquinaria escénica. “Soy maquinista o tramoyisita, hacemos las paredes falsas para que después utilería, escenografía o escultura las revistan. La Martín Coronado es especial, conozco todos los teatros de Buenos Aires, son hermosas salas sí, pero ninguna se iguala a la Martín Coronado. Este piso que se abre y de la que asciende una nueva escenografía, los discos, el doble telar donde se cuelgan los decorados, los nueve puentes maravillosos. Hemos tenido 20 maquinistas subiendo y bajando decorados con actores en el escenario. Siempre decimos con los actores que cuando se aplaude, ese aplauso lo recibimos nosotros, y también las críticas. Los primeros ensayos empiezan con un tercio de lo que hay que tener hecho, y a veces hay reformas, que son las peleas que sabemos tener, porque los escenógrafos son todos diferentes, cada uno trae su idea, y a veces entre el escenógrafo y el director tampoco están de acuerdo y vienen los cambios. Ahí nosotros, los tramoyistas, sobre la marcha tenemos que lograr que a ambos les interese lo que proponemos y que al público le guste”.

La maquinaria del San Martín data de 1957 y se fue acondicionando, pero desde su última reapertura tras las reformas, siguen sumándose pendientes, por caso, el escenario de la Martín Coronado, que se abre al medio para hacer emerger una nueva escenografía, carece de los discos giratorios que le permitirían girar.

El dispositivo para que pueda girar nunca se recuperó y los técnicos del teatro se esperanzaron en poder repararla el año próximo. Las maquinarias del San Martín van del cuarto subsuelo al décimo piso, hay puentes, vagones, motores y válvulas. Se ha recuperado la iluminación del disco del escenario. “Esta sala obliga al escenógrafo a aprovechar la infraestructura”, continuó Martínez. “Este teatro es un monstruo, económicamente es muy difícil mantenerlo, acá se construye todo de cero. Con ‘Hamlet’ volvimos a armar obras grandes que antes, por cuestiones presupuestarias, no se hacían. Y la obra por suerte volverá gracias a que el señor Furriel aceptó continuar”.

Respecto del presupuesto, Daniela Cerchiaro, de la producción artística del Complejo Teatral, dijo a este diario: “Siempre hacemos una previsión con posibles desviaciones, pero lo de este año fue duro, así que hicimos magia y llegamos con el dinero. Siempre se hace una factibilidad de hasta dónde vale la pena gastar el dinero para ciertos recursos, claro que tenemos en cuenta que la factura de la obra sea impecable como amerita el teatro público”. En la jornada de ayer pudo presenciarse el armado y desarmado de una función en la Martín Coronado, y se vieron 3 escenografías superpuestas: la de “Campo minado” de Lola Arias, con la batería que usan los excombatientes en los pasajes musicales, y adelante la de “Hamlet”, pero apiladas a modo de depósito y que se conservarán hasta la reposición.

En el hall Alfredo Alcón se exhibieron intervenciones de sastrería, zapatería, utilería, escultura, pintura y artesanía. El complejo encara una programación de 35 producciones que se hacen integralmente en sus talleres, de modo que la preproducción arranca con 7 a 8 meses de antelación.

Gabriel Caputo, de la producción técnica, explicó: “Esto no es una cadena de montaje a lo Ford, que cuando un eslabón se corta, se corta todo. Es un modelo tridimensional, el vínculo entre todas las áreas está cruzado, es una red. Siete meses antes analizamos el anteproyecto donde vemos la factibilidad económica en función de los recursos de dinero, materiales, humanos y disponibilidad de espacios. La variable de tiempo es muy importante porque si no se considera, desestabiliza el modelo y no llegamos al estreno. Es un modelo muy diferente al independiente o al comercial”.

Mónica López, de la coordinación de escenarios, consideró: “Trabajo hace 31 años en el San Martín. Tenemos la responsabilidad de elegir al coordinador de escenario o asistente de dirección para cada obra, no todos pueden hacer todo, hay producciones más complejas que requieren mayor experiencia y otras menos, que pueden ser destinadas a los más jóvenes. El coordinador de escenario es el único dueño del espectáculo, ni siquiera el director, que estrena y se va, o algunos vienen pero ahí se produce la magia del teatro, en la combinación de todas las secciones para un fin, el espectáculo. Recuerdo que fue Juan Carlos Gené quien invitó a dos asistentes de dirección a integrar el staff y después se fue agrandando todo. Eran otras épocas, teníamos más control sobre el proyecto, ahora hay más gente que controla”.

Fabián Barboza, también con tres décadas en el San Martín e integrante de la coordinación de escenarios, concluyó: “Cada época tuvo lo suyo, antes eran sólo las tres salas del San Martín, era más fácil, también era más gente; ahora son 14 asistentes para todo el Complejo y sin el Alvear. Las obras antes eran más austeras; hoy el equipamiento lumínico avanzó tanto que facilita la operación de luces, pero también complica. Antes los asistentes hacían la función con un atril, paraditos con el libreto y mirando al escenario. Hoy necesitan un monitor porque las escenografías no permiten ver y hay una botonera que no era tal”.

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