El cine argentino no pasa desapercibido en el mundo. Hace una semana finalizó el Festival de San Sebastián donde ganó la película nacional “La Ilusión de un Verano sin Fin” de Alessandra Sanguinetti. El mes pasado fue el Festival de Venecia donde recibió un premio “A veces me entra tristeza, otras rebelión” de la cordobesa María Aparicio. Y fue a principios de año cuando Federico Luis ganó la Palma de Oro en Cannes por su corto "Para Los Contrincantes". La letra chica es que todas las mencionadas son coproducciones con otros países. El cine argentino no solo cruza fronteras para estrenar sus películas, sino también lo hace para poder filmarlas.
“Hoy hacer una película en Argentina es un acto de resistencia. Nosotros tuvimos la suerte de tener apoyos que hicieron que la película se pueda terminar porque en este momento los apoyos públicos no existen”, sostuvo Julia Solomonoff, productora de “La Ilusión de un Verano sin Fin”, el documental dirigido por Alessandra Sanguinetti, tras ganar el premio mayor de la sección Horizontes Latinos en San Sebastián. Además, la película obtuvo el Premio de la Juventud en el mismo festival. Como bien remarcó la productora, este retrato, que sigue a dos primas durante más de 25 años en la Pampa argentina, es una coproducción con Estados Unidos.
“La Ilusión de un Verano sin Fin” ganó en San Sebastián y, meses atrás, en el Festival de Locarno.
Algo similar sucede con “A veces me entra tristeza, otras veces rebelión” de María Aparicio, que logró ser financiada por España en su postproducción. “El rodaje lo financiamos con plata prestada con un esquema muy austero y pequeño de rodaje. Recién los coproductores españoles se sumaron hace poquito”, explicó la directora en diálogo con Ámbito. Este aporte les permitió terminar la película. Además, se le sumó que ganaron el premio ECAM Forum de España, donde también recibieron una ayuda monetaria. “Ahí empezamos a respirar un poco más económicamente, pero hasta ese momento no estaba muy claro cómo íbamos a terminar la película ni teníamos pensado tampoco estrenarla este año. Justo en el Fórum de ECAM había unos programadores de Venecia que la vieron y nos invitaron rápidamente al festival”, agregó Aparicio.
La película ganó el mayor premio de Giornate degli Autori, sección del Festival de Venecia. Además, recibió una mención especial en San Sebastián y ahora se dirige para los festivales cinematográficos de Valdivia y Lisboa.
Roger Koza, María Aparicio y Eva Bianco con el mayor premio de la sección Giornate degli Autori.
Otra particularidad de esta ficción, protagonizada por Eva Bianco y Roger Koza, es que está filmada en España. La directora cordobesa había ganado una residencia de desarrollo de proyecto cinematográfico impulsada por el Museo Reina Sofía que destinó para otra película. Sin embargo, le dieron la posibilidad de rodar en ese espacio. Aparicio no la desaprovechó y convirtió el museo en el escenario para otra de sus historias.
“A pesar de estar filmada en España, es una película muy argentina. Los dos protagonistas son muy argentinos, el título viene de una canción de Atahualpa Yupanqui, los personajes discuten acerca del presente latino, específicamente el trabajo en nuestro presente”, sostuvo la directora.
El cine argentino en festivales internacionales: un espacio también para militar
“No hay una discusión cultural en Argentina. Hay un desmantelamiento de la cultura, de la identidad”, manifestó el director Benjamín Naishtat en San Sebastián durante la conferencia de prensa de “Glaxo”, la adaptación de la novela de Hernán Ronsino protagonizada por Lali y Marcelo Subiotto. La película, que formó parte de la selección oficial, es una coproducción con Brasil. La historia transcurre en un pueblo argentino, pero se filmó en el país vecino.
“En estos encuentros se celebra el cine y la unión, y tratas de hacer puentes con otros. Argentina está en un momento incapacitado de propiciar la otra orilla del puente”, afirmó Dolores Fonzi en el festival vasco durante la conferencia de prensa de “Mis Muertos Tristes”, la otra ficción nacional que competía en la selección oficial. Esta coproducción con Chile también recibió el financiamiento de Netflix. “Está muy complicado, dependemos de las plataformas porque ya no se pueden gestionar las coproducciones”, agregó la actriz.
"Mis Muertos Tristes" tuvo su estreno mundial en el Festival de San Sebastián.
La letra chica de las coproducciones
Como bien explicó Fonzi, coproducir tiene sus dificultades. Cada país ya tiene sus propios proyectos para financiar, ¿por qué apoyaría económicamente a una película no oriunda? Los criterios son subjetivos -desde gustos hasta interés por la temática que se aborda-, pero primero tiene que gestionarse el acercamiento, esto lo facilitaba el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Ahora son los propios directores quienes viajan y buscan financiamiento. Así fue el caso de Aparicio que, tras rodar su película con un presupuesto acotado, decidió acercarse hasta Spanish Screenings Content, el principal mercado oficial de promoción y venta del cine español. Ahí no solo ganó un apoyo económico, sino que además encontró productores que apostaron por su proyecto.
También está el ejemplo de la directora Ingrid Pokropek (“Los Tonos Mayores”), quien se encuentra buscando ayuda monetaria para su próxima película “Las Ilusiones”, una coproducción con España. En el marco del Festival de San Sebastián, la joven recibió el Premio DALE! (Desarrollo América Latina-Europa) mientras que Felipe Solari Yrigoyen se llevó el Premio al Mejor Proyecto del XV Foro de Coproducción Europa-América Latina para su ópera prima “Los Inexpertos”, una coproducción con Chile y México.
“Las Ilusiones”, una coproducción con España ganadora de un incentivo económico.
Ambos proyectos forman parte de una selección de quince películas procedentes de nueve países y concebidas como instancia de búsqueda de financiación, socios internacionales y acuerdos de coproducción. Sin embargo, no todos pueden tomarse un avión o acercarse a las plataformas. Esta es la crisis que atraviesa el cine argentino. Las vías de financiamiento no son para todos iguales.
Y al final hay recompensa, pero no estatal
El INCAA fue creado para fomentar y regular la actividad cinematográfica de todo el país. Sin embargo, ninguna de las mencionadas recibió un incentivo económico por parte del ente. Está el caso de “A veces me entra tristeza, otras veces rebelión” que, como compartió el instituto en sus redes sociales, contó con un acompañamiento a través del programa de apoyo a la presencia argentina en festivales internacionales. La directora aún está esperando esta ayuda monetaria. Además, contó que participó de los concursos que ofrece el INCAA, pero perdió. “Concursamos a postproducción y no ganamos, y mandamos también dos proyectos a desarrollo, pero tampoco ganamos”, confesó Aparicio.
Hoy quien busque financiamiento por parte del ente puede hacerlo a través del Comité de Películas Terminadas que, como indica su nombre, está orientado para la etapa de postproducción. Pero ¿cómo hacen aquellos que no pueden ni comenzar a filmar? La única alternativa es por medio de los concursos, donde, por lógica, solo los ganadores reciben un incentivo. La meritocracia tiene la última palabra.
Mientras tanto los rodajes se reducen, los presupuestos se acotan y hay proyectos que quedan a mitad de camino. En tiempos de incertidumbre, es una luz que el cine nacional haga ruido e incluso sea destacado en festivales de distintas partes del mundo. Sin embargo, cruzar las fronteras para buscar apoyo económico también significa aceptar que las películas ya no serán 100% argentinas.