El cine homenajea a pioneros judíos

Espectáculos

Parece un milagro de Pascua: después de perder cuarenta kilos, el otrora robusto realizador Antonio Ottone, ex director del Instituto de Cine en los tiempos de Jorge Asís en la Secretaría de Cultura, ha vuelto a vivir, y hasta estrena una nueva película dedicada a la colectividad judía.

Antonio Ottone: En enero último fui al médico, porque estaba adelgazando inesperada e involuntariamente. Me hicieron una seriada, todo normal. Pero entre que la hicieron y me dieron los resultados, 10 días, ya había bajado otros cuatro kilos. Vamos a la tomografía computada: cáncer de páncreas. Al momento de operarme, ya eran cuarenta kilos. Pero ahora estoy engordando de nuevo, me siento mejor, y estreno una película, «Un amor en Moisesville».

Periodista: ¿Y cómo le ha nacido ese amor?

A.O.:
Hace tiempo un amigo y colega, Alberto Fisherman, me pidió que le hiciera un guión celebrando los cien años de esa colonia judía. No soy judío, y ni siquiera conocía Moisesville. El me llevó ahí dos días, y me dijo «quiero algo con el cariño y la ternura tuyas». Le hice el guión, luego me nombraron director del Instituto de Cine, y él tuvo que operarse. Recuerdo que vino a saludarme, contento, porque cuando saliera del sanatorio iba a hacer la película... Ahora la hice yo, en memoria suya. Eso es todo.

P.: ¿Cómo fue su formación?

A.O.:
Escuela de cine de la Universidad de La Plata, Asociación de Cine Experimental de Buenos Aires, fotógrafo de cortos didácticos, jefe de producción de Gerardo Sofovich, Raúl de la Torre, Sergio Renán, Carlos Galettini, Juan Carlos Desanzo y otros. Una noche en un bar dije «Acá no filma el que no quiere», y aposté una cena en Clark's, a que hacía un corto sin poner un peso. Con el material de descarte de «Sentimental», y los magnéticos perforados que no usaban, hice «Metacine», lo anuncié como un análisis semiótico de «Sentimental», y el Fondo Nacional de las Artes me pagó las copias. No puse un peso, gané la cena, y pasé al largometraje: «Casi no nos dimos cuenta», «Flores robadas en los jardines de Quilmes», «Los amores de Laurita», «Pequeños sinvergüenzas», y otra para niños, que quiero terminar, «Un elefante en banda».

P.: ¿Y cómo llegó a dirigir el Instituto Nacional de Cine?

A.O.:
Cuando Jorge Asís asumió como secretario nacional de Cultura, me llamó y me dijo «Yo de cine no entiendo nada, pero me consta que vos fuiste honrado conmigo, cuando hiciste 'Flores robadas...', así que te mando al frente». Estuve entre 1994 y 1995, sacamos la actual Ley de cine, hicimos la primera asamblea federal. Ahora quiero rescatar lo siguiente: soy el primer ex director del Instituto que vuelve al oficio y hace otra película.

P.: ¿La hizo en cooperativa, como las anteriores?

A.O.:
Eso fue cuando la gente que ponía el hombro y esperaba hasta después del estreno: «Si cobramos, bien, y si no, mala suerte». Hoy en día hay tanta necesidad de comer, que nadie puede esperar, al contrario, quiere cobrar en el día, aunque sea menos. Así que esta vez hay un productor: yo, que pongo la cara, u otra parte. Por suerte, hasta ahora, en el festival judío de Londres, el judío de Miami, el de La Habana, y San Diego, recibimos puros elogios. Aunque no es una película estrictamente de la colectividad judía. El protagonista, Víctor Laplace, vivió en Tandil el mismo choque con su padre que vive mi personaje en Moisesville.

P.: ¿Y también se involucró con la hija de su primer amor, como sucede en esta historia?

A.O.:
Y, él no, pero algunos de nosotros...

Dejá tu comentario