(29/01/02) Más allá de las indefiniciones en lo político, el sector del cine está atravesando en estos días zozobras tanto o más preocupantes en lo económico y empresarial. En el «barrio» del cine (zona de distribuidoras con epicentro en las calles Lavalle, Ayacucho, Riobamba y Tucumán) son pocos los que se arriesgan a alguna predicción. «Las reglas del juego no están claras, falta esperar a que se termine de definir algún plan económico creíble para saber qué es lo que vamos a poder hacer y qué no» opinó un distribuidor de primera línea, que refleja el pensamiento de casi todos sus colegas.
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En el panorama actual, las filiales de las empresas norteamericanas «major» se encuentran todavía más acorraladas, para emplear una expresión tristemente de moda hoy. A la caída en dólares de la recaudación por entrada que sufren todos, se les añade las trabas para girar las divisas a sus casas matrices y los habitualmente elevados costos de sus campañas publicitarias.
En ese sentido, ya se dice que la primera víctima en cine del «corralito» financiero y la devaluación es la largamente publicitada «El señor de los anillos», con intensas campañas en televisión desde hace semanas y que no podría recuperar su inversión ni aun con un predecible gran éxito. Los costos de campaña del film sobre Tolkien, que se estrena este jueves, se hicieron sobre la base de la paridad pesodólar, y sus recaudaciones ni remotamente podrían igualar lo que se calculó.
Su estreno previsto para el 1 de enero se demoró por esa incertidumbre, que ahora se convirtió en realidad. En ese sentido, el mago Potter le ganó de mano con su estreno más precoz, y se benefició de que su primer mes en cartel coincidió con el último de convertibilidad.
Algunos pesimistas recordaron que la distribuidora de ambos films (Warner Bros) no suele tener demasiada paciencia con los países en problemas: en 1988, con los primeros signos de la hiperinflación alfonsinista, Warner se fue de la Argentina, y en su lugar se estableció una representación local (Theatrical) que durante un tiempo presentó una parte de la producción de ese sello.
Los pocos distribuidores independientes que quedan, por su parte, debieron rememorar su «cintura» para moverse en terrenos temblorosos, adormecida durante once años de estabilidad. El impacto no es poco: a la caída en dólares de las entradas se suma el costo de las copias por el dólar oficial ($1,40). «Por el momento, contamos con la comprensión de los productores extranjeros a la hora de vender películas», dijo un distribuidor. «Algunos entienden la situación por la que está pasando el país, pero claro, esa comprensión no puede ser infinita. Mucho me temo que los argentinos, que se habían acostumbrado a ver cine de todas procedencias, empiecen a sentir dentro de muy poco esa falta».