El coguionista salva la lánguida "Ficción"

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«Ficción» (Ficción, España, 2006, habl. en español y catalán). Dir.: C. Gay; Guión: T. Aragay, C. Gay; Int.: E. Fernández, J. Cámara, M. Germán, C. Plá, A. Roca.

A 38 años de la deliciosa tensión lograda por Eric Rohmer, Françoise Fabian y Jean-Louis Trintignant en «Mi noche con Maud», a 62 años de la agridulce tensión elaborada por David Lean, Celia Johnson y Trevor Howard en «Lo que no fue» (título original, «Brief Encounter», basado en «Still Life», de Noel Coward), llega a nosotros esta sosegada variante de la misma, eterna, y secreta experiencia en la vida amorosa de tantas personas: el decisivo encuentro de un hombre y una mujer que cultivan la indecisión como resguardo vital.

«Ficción» describe algunos días de un hombre en la casa de campo que le prestó un matrimonio amigo, y de una mujer en la casa que ese mismo matrimonio tiene en el pueblo cercano. El es director a la espera de inspiración, ella es violinista a la espera de recuperación, y por ahí toca el piano, dicho esto en sentido literal, porque se trata de una mujer honrada. Tan honrada, que a cierta altura de la historia los dos se pierden durante un paseo por las colinas, y pasan toda la noche en un refugio, sin que pase nada.

Bueno, a fin de cuentas él es un flaco con panza y cara de dolor de hígado, y además ambos son casados y con hijos, pero después de ese episodio, a la hora y quince de película, empiezan a mirarse, pero cada uno a destiempo del otro. Entonces viene la familia de él, lo que agrava su cara de dolor de hígado. Hasta que por fin, ya pasada la hora y media, o sea en tiempo de descuento, y cuando la mujer ya se está yendo a su casa, deciden sentir algo y expresarlo. «Tengo un nudo en el estómago», confiesa ella entonces, de golpe, y esa parte es muy linda, muy creíble, y, puestos a considerar, es pudorosa. También es muy linda la participación de Javier Cámara como el amigo en común, de oficio veterinario, y son agradables los paisajes del Parque Natural El Cadí-Moixeró, de Puigcerdá, Lles de Cerdanya y L'Alt Urgell, todos casi tan lindos como Traslasierra. Y es curioso saber que si al final más o menos pasa algo, el mérito es del actor Eduard Fernández, que insistió en esa escena, porque Cesc Gay (director) y Tomás Aragay (su coguionista habitual) habían escrito otra cosa, decididamente insulsa y casi atonal.

En fin, gustará especialmente a quienes nunca hayan visto «Mi noche con Maud» o «Lo que no fue», y también a algunos que ya están cansados de sexo fácil y ahora buscan películas difíciles de amar.

La dirección de arte es del argentino Daniel Gimelberg.

P.S.

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