La imposible pareja de «Crimen ferpecto», comedia policial de humor negro de un maduro Alex de la Iglesia, que hace reír pero deja pensando en el drama detrás de la comedia.
La imposible pareja de «Crimen ferpecto», comedia policial de humor negro de un maduro Alex de la Iglesia, que hace reír pero deja pensando en el drama detrás de la comedia.
«Crimen ferpecto» (España, 2004, habl. en español). Dir.: A. De la Iglesia. Guión:A. De la Iglesia, J. Guerricaechevarria. Int.: G. Toledo, M. Cervera, L. Varela, E. Villén, F. Tejero, J. Gutiérrez, K. Miró, R. Pardo, G. Olayo.
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El título sugiere una comedia de humor negro donde algo, seguramente, terminará mal. Bien, acá hay dos crímenes: uno, diríamos, accidental, aunque ganas no faltaban, y otro imposible de decir, porque es una sorpresa para el público, que ni el difunto Matías Pascal la hubiera planificado mejor.
Pero ampliando el concepto, hay muchos otros crímenes. Por caso, al protagonista lo obligan a cometer matrimonio contra su propia voluntad, alejándolo de su hermosa vida de soltero, y de su paraíso de jefe de lindas vendedoras de tienda. Y desde la síntesis que el propio realizador ofreció en diversas declaraciones («El empleado más seductor de unas grandes tiendas asesina sin querer a su jefe de planta, con quien mantiene una perenne rivalidad. La única testigo del crimen es una compañera de trabajo, que aprovecha la circunstancia para hacerle un pérfido chantaje sexual»), se sugiere también toda una intriga de obsesiones, que los norteamericanos hubieran puesto con mujer psicópata en una preciosa casa de madera y jardín, y los españoles ponen simplemente con mujer impresentable en cualquier parte, ni siquiera en el tren fantasma. Es cierto, esa loca es horrible, y encima cuando empieza a mostrar las uñas la vemos simultáneamente duplicada, como para que no queden dudas de que es horrible, de frente y perfil, y de adentro también. Peor todavía, quiere tener una familia más horrible y vulgar de la que ya tiene, pero ella, pobre, también tiene sus méritos, no hay por qué despreciarla tanto. Por ejemplo, es dominante, manejadora, trencera, resentida, sí, no hay que despreciarla, sólo hay que sacársela de encima lo más rápido posible. O escaparse, aunque ello implique alejarse de la hermosa vida que uno estuvo a punto de alcanzar... hasta ese día en que el destino le jugó en contra.
Pero esa loca, es la realidad, que se esconde detrás de los avisos, de los anaqueles de venta,de las lindas vendedoras de tiendas, y echa todo a perder, con un mal gusto indestructible. Distinto del que tiene el protagonista, típico vendedor cancherito de clase media, que es quien nos cuenta toda esta historia, sin perder el hilo ni el raciocinio aunque por ahí él también se vuelva medio loco.
Por esta vez, los anuncios son ciertos, y vale la pena comprar la entrada. Comedia policial de humor negro, entonces, grotesca, muy bien actuada, y, hay que agregarlo porque es cierto, de lo más incisivo que ha hecho hasta ahora el ya maestro Alex de la Iglesia (solo a él se le ocurren estas cosas), no tan redondita como «La comunidad», pero luciendo casi a manos llenas un manejo admirable del oficio, con guiños inteligentes (a Buñuel, Hitchcock, «Alfie», las cintas americanas de los '50, el fantasma de Banquo, la televisión actual, etc.), una ácida visión del medio pelo en el mundo del consumo, y un epílogo que es toda una ironía sobre cómo va el mundo en general, y que nos hace pensar si realmente hemos visto una comedia, o detrás de la risa iba nomás el drama. Buen asunto para empezar el año.
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