• «Fito Nuevo». Actuación de Fito Páez (voz, teclados, guitarra). Con G. Vadalá (bajo), G. Aloras (guitarra, voz), J. Lozano (teclados), S. Verdinelli (batería) y A. Alvarez Toledo (coros). (Espacio Cultural ND/Ateneo; 13 de noviembre).
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Luego del largo paréntesis que significó la realización del film «Vidas Privadas», Fito Páez volvió al escenario como compositor, cantante, pianista y guitarrista, pero según un proceso inverso al que marca tradicionalmente la industria, y que él mismo había respetado hasta ahora. Salió de gira internacional -prácticamente, toda América Latina y España-con su nuevo material antes de editar su álbum que se llamará, precisamente, «Nuevo».
Seguramente, con ese nombre puede intentar decir que la experiencia -frustrada en cuanto a la repercusión de público y críticas-con el cine no fue en vano, que su «época pop» pertenece en buena medida al pasado, y que también ha cambiado su vida privada a partir de su separación de la actriz Cecilia Roth.
• Clásico y potente
De hecho, el show con el que acaba de debutar en Buenos Aires, en lo que será una larga serie en un espacio mucho más pequeño y por lo tanto más intimista que los que venía ocupando últimamente, mostró a un Páez distinto. Por un lado, es evidente su reacercamiento al rock más clásico y más potente, el de «Ciudad de pobres corazones», que en lo nuevo apareció, por ejemplo, en temas como «Salir al sol», «Naturaleza sangre» o «Suspensión» de Luis Alberto Spinetta.
Se manejó con pocos músicos en una formación también clásica. Cantó desgarradamente y logró movilizar al público desde ese lugar, aunque siga siendo el aspecto técnico-vocal su punto más débil. Y recordó permanentemente, aunque sin nombrarla, a su ex esposa, desde viejas canciones como «Tuve tu amor» de Charly García, la citada «Suspensión» o varias de sus nuevas composiciones, con referencias directas a su actual condición de hombre solo.
Lo nuevo -mucho-, en combinación de piezas propias y de «covers» -los mencionados más una pobre versión de «Aguas de marzo» de Jobim-se mezcló con algo de lo viejo -»La balada de Donna Helena», «Circo beat», «Ciudad de pobres corazones», «11 y 6», «Mariposa Tecknicolor»- en un recital que dejó conforme a todos, excepto, quizá, a los que se quedaron anclados en el cantante más masivo que enamoraba adolescentes en tiempos de «El amor después del amor».
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