En "Huguypá" (gotas chorrantes sobre fachada de hospital)
En la Fundación Faro para las Artes, de Paraguay, se eligieron los Premios Jacinto Rivero para las Artes Visuales. La convocatoria retoma una vieja práctica de apoyar económicamente al talento artístico; en esta oportunidad con un concurso en honor al artista Jacinto Rivero. «Nos interesa que los artistas se vean obligados a reflexionar sobre su obra y a presentar un proyecto que esté a la altura de cualquier concurso internacional», señaló Martha Manchini, directora de la Fundación, junto a Sara Hooper que colabora con ella. A fines de julio, un jurado compuesto por los críticos Gerardo Mosquera (Cuba), Ricardo Loebel (Chile) y Luis Valencia (Colombia) evaluó setenta y cuatro proyectos recibidos y preseleccionó a diez artistas, que recibieron un subsidio para producir las obras y dispusieron de tres meses para su realización.
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El 10 y el 11 de diciembre, junto a la crítica venezolana María Elena Ramos y Alfons Hug, curador de la próxima Bienal de San Pablo, quien esto escribe integró el jurado de premios, que determinó los más significativos. El primero (u$s 10.000) lo obtuvo la intervención urbana «Casa enyesada», de Bettina Brizuela (1969). Ella trabaja con la idea de Einfuhlung (empatía) en relación con el vínculo que establece el hombre con sus objetos. Alquiló una casa por tres meses en el centro de Asunción, la cerró y la cubrió con yeso, sellador y pintura blanca para evitar el deterioro. En esta obra, premiada por los tres jurados, el contenedor del hombre y sus objetos, su hábitat, se convierte en metáfora del «estado de quiebre del sujeto que la habita», dice la artista. Las propuestas de dos fotógrafos fueron distinguidas también por unanimidad con el segundo premio (u$s 5.000) y el tercero (u$s 3.000). Carlos Bittar (1961) en «Fin de zona urbana» presentó un ensayo fotográfico documentando la nueva imagen que acompaña los cambios políticos y económicos del Paraguay en la última década. El título fue tomado de los carteles de tránsito que anuncian el fin del casco urbano de la capital. Bittar documenta el deterioro de la imagen ciudadana en fotografías de muy buen nivel. Particularidades de distintos grupos indígenas son rescatadas en «Oriente-Occidente», donde Juan Britos (1967) continúa el trabajo antropológico, que venía desarrollando desde 1993, en búsqueda de las huellas que posibiliten una lectura creativa de las estructuras sociales del interior del país. Flores Balbuena (Ogwa), indígena chamacoco, presenta «Artesanías y mitos», a partir de una compleja mitología de su pueblo. Ha creado una personal iconografía relativa a sus personajes, héroes y leyendas. «Fantástico equipamiento urbano para el rescate de la esperanza» es la propuesta del grupo integrado por Mónica y Adriana González, y Osvaldo Camperchioli. Se trata de un equipamiento en una plaza y sus alrededores. Un cilindro de chapa negra sujeto al suelo, de tres metros de altura, que lleva otro interno con anillos giratorios que tienen referencias con palabras serigrafiadas. La selección de las palabras se originó a partir de encuestas que buscaron términos clave para explicitar la cultura bilingüe del Paraguay: el español y el guaraní.
Las «Máscaras y tallas» de Prisciliano Candia se vinculan con las fiestas populares, como las de San Pedro y San Pablo; la Virgen del Carmen, que tiene enmascarados y juegos infantiles, y la conmemoración de la Virgen Natividad. «Isla sitiada», de Fredi Casco (1967) reflexiona inteligentemente sobre la condición mediterránea del país, por medio de una videoinstalación «Balneario (Paraguay Beach Park)», en la que una serie de toallas de playa está dispuesta sobre una alfombra de goma negra, en una enorme sala vacía, donde se proyecta un video con imágenes de distintas playas. Tuvo una Mención Especial del Jurado.
Simultáneamente, Casco expone la publicidad de un club que anuncia «Llegó el mar al Paraguay». Muy original y muy buen uso de un galpón vacío de casi 2.000 m².
En la instalación «Paseo-vida», Luis Insfran (1968) plantea la idea de la vida como camino. Es un espacio cerrado lleno de hojas de papel de diario superpuestas en capas sucesivas. Los accesos de entrada y salida forman un camino en el que hay diferentes accidentes (subidas, bajadas, líneas rectas y curvas) que conducen al espectador-participante a investigar el tiempo indicado en los diarios apilados, a la sucesión de los días.
Para su obra «Huguypá», que obtuvo una Mención Especial del Jurado, Paola Parcerisa (1968) realizó un estudio en distintas instituciones vinculadas con la salud pública: su falta de equipamiento, escasez de medicamentos, penurias y largas colas para solicitar turnos. Parcerisa intervino una sede administrativa y hospital con enormes gotas chorreantes (en tela, por supuesto) de color rojo oscuro, con el tamaño y volumen suficiente para que las imágenes ubicadas en el frente del edificio fueran percibidas como grandes manchas de sangre. El proyecto que sólo fue autorizado por el director de la institución para ser expuesto durante un día, representa muy contundentemente una protesta contra el burocrático manejo de la salud. Lástima que también por razones políticas la escala de las «gotas» fue demasiado pequeña. «Jepuru», el proyecto de Marité Zaldívar, es una instalación interactiva con sonidos, olores, texturas y colores para ser usados por el público. No emplea complejos sistemas informáticos sino objetos electrónicos simples y elementos básicos como madera de palo santo. Zaldívar trata el tema de los juegos entre lo útil y lo inútil: «Jepuru», término guaraní, significa lo usado, ser usado, y remite a «el arte del uso o ¿el uso del arte?».
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