Curiosamente, acá falta la Editorial Universo, esa que aún sigue sacando las «correrías de un pequeño gran cacique», aunque sea con esfuerzo y para contados kioskos, una editorial que los fieles aman, como el respaldo imprescindible de los sueños. Quién sabe qué dirían sus viejos libretistas Quién sabe qué diran también los naturalistas acerca de los dibujantes, al ver un cóndor que aletea todo el tiempo, en vez de planear majestuosamente como es debido. Por algo los norteamericanos disponen dos directores en paridad de condiciones, dos guionistas como mínimo, y dos años largos de trabajo y asentamiento, antes de presentar sus dibujos al público.
Claro que, puestos a comparar, esta oferta de vacaciones hecha a la criolla también revela ciertos méritos. Por ejemplo, varias partes de la aventura, un viejo karateca ciego estilo
Con un poco más de sencillez, como es el mismo personaje y la misma historieta, hubiera salido mejor aun en el corto tiempo que se dispuso.
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