11 de septiembre 2006 - 00:00
"El perfume" llegó al cine tras quince años de dilaciones
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Rachel Hurd-Wood y Ben Whishaw en «El perfume», sobre
la famosa novela de Patrick Süskind, cuyos derechos el
autor negó mucho tiempo.
El joven actor británico, que en su próximo film encarnará al Bob Dylan poeta, no acudió a ninguna fábrica de perfumes para adentrarse en el arte de crear fragancias porque Grenouille «no tenía un conocimiento técnico sobre cómo crear perfumes, sino que lo suyo era instinto puro, puro genio».
Junto a Whishaw y a Dustin Hoffmann, completan el reparto Alan Rickman, en el papel del comerciante Richis, y Rachel Hurd-Wood, de 16 años, que interpreta a su hermosa hija Laura, la última obsesión del asesino en serie.
Llevar la novela al cine fue una odisea. Süskind es una especie de Salinger alemán: odia hacer apariciones públicas, nunca da entrevistas a la prensa y apenas hay fotos suyas. Guardó durante 15 años «El perfume» (1985) y se resistía a vender los derechos. El productor Eichinger (además de «La caída» produjo también «El nombre de la rosa» y «La historia sin fin») logró convencerlo en 2001 y el resultado es la película más cara de la historia del cine alemán: una superproducción al estilo Hollywood pero con sello «made in Germany» con un presupuesto de 50 millones de euros (64 millones de dólares).
Süskind, al que el director de «Corre, Lola, corre» sólo vio un momento, se ha desentendido totalmente del guión y del rodaje y tampoco ha acudido, al igual que Hoffmann, al estreno de la película. El director no ha querido recurrir a efectos especiales en la sala del cine para evocar los olores que obsesionan a Grenouille porque «si el libro no huele, ¿por qué tiene que oler la película?», y dice que en el rodaje el único olor que impregnaba la atmósfera era «el del sudor por el estrés».
Ni el director ni el productor quieren ver los paralelismos, que algunos espectadores han advertido, entre Grenouille y Hitler. Ni siquiera en la escena de la orgía en la plaza de Grasse, coreografiada por la Fura dels Baus y que recuerda a las fotos de Spencer Tunyck, en la que el asesino en serie logra, al igual que Hitler, hipnotizar a las masas por razones inexplicables.
«Para Grenouille el concepto del bien y el mal no existe porque no puede olerlos. Además crea una droga, el perfume, que es capaz de inspirar amor a las personas, lo contrario de Hitler», explica el productor de «La caída».

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