Ni qué decir de las otras dos series legendarias con las que Ibáñez Menta, a principios de los 60, con la televisión en blanco y negro y los principios de las grabaciones en cinta abierta, había hecho para Canal 7, “El fantasma de la ópera”, cuyas escenas rodadas en el Teatro Colón forman parte de la gran historia de la televisión argentina (aunque sólo sea en la memoria, sin testimonio material), y “El muñeco maldito”, en la que la escena que guillotinaban al protagonista, llamado Benito Masón, provocó más de un desmayo a un público no habituado a ver ese tipo de violencia explícita. Ambas estaban basadas en novelas de Gastón Leroux.
Hombre.jpg
La máscara de Elmer Van Hess, el personaje central de "El hombre que volvió de la muerte" (1969)
El hombre que volvió de la muerte
"El hombre que volvió de la muerte", que tuvo en 2007 un olvidable remake en El Trece, con Diego Peretti en el protagónico, se emitía los jueves a las 22, entre marzo y junio de 1969. En aquellos años de sólo cinco canales de aire, sin cable ni streaming, hubo capítulos que llegaron a tener el rating de una final de Mundial de fútbol. El país se detenía para ver a Narciso cometer sus venganzas.
Injustamente acusado a muerte, Elmer Van Hess vendía su cuerpo a la ciencia para que su mujer, Erika (Fernanda Mistral) ganara algunos pesos, pero ignoraba que ella se convertiría en la futura esposa del verdugo principal, el doctor Mortensen (Eduardo Rudy), quien llevaba a cabo la operación que lo transformaba en una máquina.
En el elenco se anotaban los nombres de su incondicional Beatriz Día Quiroga, con quien trabajó en la mayoría de las series, incluida “El pulpo negro”, además de Oscar Ferrigno, Alberto Argibay, Claudio García Satur, Erika Wallner, Romualdo Quiroga, Néstor Hugo Rivas y Francisco de Paula, entre muchos otros. Hace un mes, un azaroso descubrimiento en Canal 9 logró rescatar, aunque en deficiente estado técnico, alrededor de un cuarto de hora de toda la serie, que también puede rastrearse en YouTube.
“El hombre…” tuvo tanto éxito como inconvenientes. Primero, debió batallar judicialmente contra una persona llamada del mismo modo, Van Hess, y que intentó impedir que se utilizara su apellido. Pero ese fue el obstáculo menor. Uno de los capítulos finalizaba cuando Elmer, travestido en una nodriza, se llevaba de la mano por la calle a los hijos del matrimonio del doctor Mortensen y Erika, con la indudable intención de matarlos.
Fue tal el aluvión de protestas públicas, sobre todo en los correos de lectores de los diarios, que —según cuentan—, Abel Santa Cruz debió modificar el comienzo del capítulo subsiguiente, y regrabar esa parte, de modo que la falsa nodriza reaparece en la casa trayendo sanos y salvos a los chicos. Una continuidad inverosímil, pero otra no habría sido factible. También hubo desinteligencias entre Rudy e Ibáñez Menta, al punto de que aquèl faltó a la grabación de varios capítulos y tuvo la intención de renunciar, lo que habría sido fatal para la serie.
Sin embargo, el caso más resonante fue la escena donde Mortensen viviseccionaba en cámara a Van Hess, que, al igual que la de la guillotina en “El muñeco maldito”, provocó que miles de espectadores tuvieran náuseas o directamente se taparan los ojos. Se dijo entonces que su realismo, considerando los efectos especiales rudimentarios de los que se disponía, era asombroso. Pero hay otra explicación, que el propio Ibáñez Menta dio por primera vez a este diario en el reportaje que le hicimos con Diego Curubeto el 28 de agosto de 1992, cuando el actor regresó al país desde España para festejar sus 80 años.
En verdad, se trataba de un cadáver real, un NN de la morgue del Hospital Rawson, con destino a la Facultad de Medicina, cuya autopsia se grabó para la serie. “Romay (por el director del Canal 9, Alejandro Romay) no sabía nada. Yo lo hice a escondidas, y hasta se me desmayó un camarógrafo”, nos dijo entonces. “En su momento yo dije que era todo plástico, que lo había fabricado el señor tal y cual, porque si hubiera dicho la verdad me habrían crucificado”, confesó tanto tiempo después.
Monstruo.jpg
Narciso Ibáñez Menta caracterizado como Adolf Hitler en "El monstruo no ha muerto" (1970)
Las siguientes miniseries
Pese al arrastre de “El hombre…” las miniseries subsiguientes que Ibáñez Menta protagonizó en 1969 y 1970 no tuvieron igual efecto en el público, y su nivel estuvo, con tal vez dos excepciones, bastante por debajo del éxito inicial. Ellas fueron “Un pacto con los brujos” y “Sátiro”, y al año siguiente “El robot”, “El monstruo no ha muerto” y “Otra vez Drácula”.
“Un pacto con los brujos” fue la peor; tanto es así que su argumento abstruso, disparatado, sobre el mundo de la brujería, daba la impresión de haber sido pensado de apuro, sin revisión, sólo para conservar la audiencia cautiva de “El hombre…”. Nadie parecía realmente interesado en ella, ni siquiera el propio Ibáñez Menta, que por contratos en España estuvo un tiempo ausente del país, y se comentaba que su papel, con un maquillaje que lo tornaba irreconocible, había sido encarnado por un doble. Hasta se mencionó a Raúl Rossi, famoso actor del elenco estable del Canal 9 de Romay.
La última de aquel año fue mejor: “Sátiro”, inspirada en criminales que habían ganado la tapa de los diarios, y que sólo mataban mujeres. En esa época no se hablaba ni de asesinos seriales ni de femicidios, pero eso eran. La trama, ambientada en un teatro, se ocupaba de crímenes de mujeres a la manera de Shakespeare: una moría ahogada, como la Ofelia de “Hamlet”; otra ahorcada, como la Desdémona de “Othello”, y así sucesivamente.
El argumento tenía fuertes similitudes, por no decir que fue plagiado, por una película inglesa rodada cuatro años más tarde, “El mercader de la muerte” (“Theatre Of Blood”), en la que el protagonista, un actor interpretado por Vincent Price, se vengaba de los críticos que lo habían atacado matándolos a la manera shakespeariana.
“Sátiro” tuvo una particularidad más, infrecuente en esa época de férrea censura (aún gobernaba el país el dictador Onganía, el de la noche de los bastones largos y el que montó el Ente de Calificación con Ramiro de la Fuente a la cabeza): sus escenas eróticamente audaces. Canal 9 precedía cada capítulo con un cartelón que avisaba que sólo era apta para mayores de 18 años.
“El robot” inauguró 1970, y también fue un fracaso. Una producción inverosímil, carente de interés, en la cual la única novedad fue el regreso de Silvia Legrand, la hermana de Mirtha, a la televisión. Emilio Disi y Oscar Ferrigno también integraban en elenco: ambos interpretaban a homosexuales abiertos, otra audacia en la televisión de entonces.
El nivel subió notablemente con la segunda serie del año, “El monstruo no ha muerto”, con guión de Horacio Meyrialle. Alberto Argibay interpretaba una especie de Simon Wiesenthal, el cazador de nazis, quien exponía en las Naciones Unidas que Adolf Hitler no había muerto, y que se proponía encontrarlo para entregarlo a la justicia. Ibáñez Menta, en cada capítulo, interpretaba un personaje diferente, que por determinadas características, podía ser Hitler camuflado. En YouTube pueden encontrarse algunos fragmentos sobrevivientes de esta serie.
Por último, la serie con la que Narciso Ibáñez Menta se despidió de la Argentina por muchos años, fue “Otra vez Drácula”, una variación de la clásica historia de Bram Stoker, con detalles extremadamente “gore” por tratarse de la época y de la televisión abierta. En esa serie lo secundó, como vampira, Martha González. Era la segunda vez (y no la mejor) que Narciso Ibáñez Menta interpretaba al famoso conde transilvano.
El pulpo negro
Hubo que esperar quince años, para que Ibáñez Menta regresara a Canal 9, con bombos y platillos, para ponerse al frente de la serie que prometía recuperar los laureles de “El hombre que volvió de la muerte”. Pero, como es bien sabido, los tiempos no se repiten. El mundo era otro, la competencia también otra, y la evolución del género de terror avejentó el intento de lograr el mismo efecto que hacía tres lustros.
La serie tuvo alto rating (aunque ni por asomo similar a lo de antes), y gran parte del público, acostumbrado a consumir otra clase de productos, le perdonó a “El pulpo…” muchas de las inverosimilitudes que tenía la trama. Antes se aceptaba todo, hasta los nombres extranjeros de los personajes y la falta de un lugar definido donde transcurría la acción, pero en 1985 ya no. Sin embargo, nada de eso pudo romper el romance que sus admiradores mantenían con aquel maestro de lo macabro que, en su infancia (fue un actor precoz), era llamado Narcisín.
El tiempo también había pasado para muchos de sus acompañantes de siempre: la mencionada Beatriz Día Quiroga, Erika Wallner, Juan Carlos Galván y, especialmente, Oscar Ferrigno, que en “El hombre…” había compuesto extraordinariamente a un militar complicado con la condena a muerte de Van Hess, el coronel Larsen, y que ahora hacía al inspector de policía. Ferrigno ya estaba enfermo, se advertía en su voz, y murió no mucho después de la conclusión de la serie.
Pese a todo, “El pulpo negro”, seguida por tantos fans del cine de terror que hicieron de Ibáñez Menta, como se dijo, un auténtico (y merecido) culto, se conserva en su integridad, y ahora mejorada por la digitalización. En un país que tiende a destruir gran parte de sus tesoros audiovisuales, es casi milagroso.
Dejá tu comentario