Londres - El Swingin London está de vuelta,
El lugar, que no tiene una sede demasiado fija,aunque siempre explota en algún club de Londres cada sábado, se llama BlowUp, igual que la legendaria película de Antonioni con DavidHemmings, Vanesssa Redgrave, The Yardbirds y un guión queadaptaba libremente un cuento de Julio Cortázar a las necesidades de laera flower power.
Tres décadas más tarde de que la indulgencia, laingenuidad, el erotismo y los excesos del Swingin London fueran inmortalizadospor Antonioni, Blow Up festejó sus 7 años con una fiesta candente. Fueun ritual digno de resucitar a la Emma Peel de «Los vengadores» o al LordSinclair de «Dos tipos audaces».
En ese danzante viaje al pasado, considerado como elgran acontecimiento del mes por los principales medios ingleses, este diariotuvo la rara oportunidad de dialogar con el DJ estelar del lugar, PaulTunkin, también cantante del grupo The Weekenders y estrella imprescindibledel fenómeno Blow Up.
El happening comenzó 7 años atrás con el espíritucallejero de Camdem, y ahora es uno de los programas favoritos delestablishment cultural inglés.
Blow Up logró infiltrarse sigilosamente en la nochelondinense de los '90 sin dejar de mantener el aire imprevisible, espontáneo,de sus primeros años. La persistencia creativa y su convocatoria creciente depúblico lograron que algunos medios (desde el «Time Out» hasta el «Sunday Times»)se refieran a este fenómeno con frases como «el club que marcó los mayorescambios en la moda y el estilo inglés de los últimos años», o «luego depasar por Blow Up no se puede concebir una fiesta sin este tipo de música».
«No tengo nada contra el tecno y la músicaelectrónica -dice Tunkin-. De hecho hay cosas que me gustan mucho. Sóloque también quiero escuchar una batería en lugar de una máquina de ritmos. EnBlow Up damos una alternativa a la música electrónica, que no es menosvanguardista, pero que al mismo tiempo tiene algo para ofrecer a públicos muyvariados. Podrían hacernos críticas por partir de un concepto retro, pero cadanota que sale de nuestras fiestas o de los discos que editamos siempre es unelogio.»
Tunkin apareció en la catedral de la músicatecno inglesa, Ministry of Sound, y lo más interesante de su trabajo como discjockey en Blow Up es que pasa temas que logran combinar el viejo flower powercon el tecno futurista en un cocktail exacto, un producto sencillo ycompletamente natural que funciona como un respiro en medio de la fastidiosapercusión electrónica que monopoliza la mayor parte de los clubes nocturnos delmundo.
Para dar una idea de la música que pasa Blow Up,habría que empezar por la definición del propio Tunkin: «Orgasmicpop, northern soul, rythmn & blues de los '60, freaky psicodelia,soundtracks, jazz bailable y ritmos de la era espacial». En términos másconcretos, esto se traduce como una mezcla que puede incluir extrañas mezclasde clásicos como Burt Bacharach y los Beatles (los temas másrepetidos en distintas y oscuras versiones pasadas directamente de viejosvinilos son «Taxman» y «Day Tripper»), clásicos del rocksesentista como «I'm the Man» por Stevie Winwood y the SpencerDavis Group, además de los diferentes sets aportados por cada DJ.
El estilo del baile es de lo más variado. «Aunquecomenzamos como un fenómeno underground, gente de todo tipo empezó a venir, sinduda debido a que el sonido sixtie es algo que de una manera u otra todo elmundo tiene incorporado. Creo que eso explica el buen recibimiento por partedel establishment», dice Tunkin.
Si bien por sus palabras se puede entender unaconvocatoria abierta a todo tipo de público, lo cierto es que mucha gente quedaesperando a las puertas de The Wag (35 Wardour St.). Es común en los clubeslondinenses la discriminación no violenta: la gente cuyo aspecto no es elque desea la casa, se queda esperando afuera sin que nunca le digan que no losvan a dejar pasar, sólo que van a tener que esperar un poquito más.
Los avisos de Blow Up son claros al respecto: «Vestircon estilo... cool sixties y era espacial sofisticada... hagan un esfuerzo».
Por eso, bailando ante el escenario donde Big BossMan ataca con su excelente versión de «I'm the Man» (más contundenteque la que el propio Winwood interpretó hace no mucho tiempo en el Gran Rex deBuenos Aires) hay un zoológico beat que incluye amazonas semidesnudas,japonesitas al borde del kitsch, neohippies y jóvenes disfrazados de losmúsicos de Oasis o Blur.
La banda Big Boss Man mezcla como pocas lamúsica de los '60 con un toque contemporáneo. Es un grupo que antes era muypopular en Inglaterra bajo el nombre Skooky y bajo su nuevo apodo recién acabande dar su primer paso fuera de la escena independiente al hacer de soporte delúltimo gran concierto de los maestros del acid jazz, beat instrumental y coversde soundtracks The James Taylor Quartet.
Además, ya viajaron a Alemania y España, donde se losrecibió como la nueva gran promesa del pop inglés. Por lo que se vio en elescenario de The Wag, más que una promesa es un hecho. Lo mismo pasa con suflamante CD «Humanize», que será lanzado en enero en Europa a través delsello discográfico Blow Up. .
Conociendo la química que suele asociarse a la culturaflower power, el espectador curioso podría llegar a preguntarse cuál es lasustancia de los habitués de Blow Up. No hace falta traer a Simon Templar ni aLos Vengadores para develar el enigma: todo el mundo corre a reponer su vaso decerveza, debido a que aunque la fiesta puede durar hasta las 5 o 6 de lamadrugada, una ordenanza municipal prohíbe la venta de toda bebida alcohólicapasadas las 3.



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