24 de marzo 2006 - 00:00
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Izcovich, adaptadora,
directora y protagonista de
«La venda» de Hustvedt.
Anteriormente ya llevó a
escena textos de Tabucchi,
Kureishi y Lodge.
Izcovich ya llevó a escena otras novelas como «Nocturno hindú» de Antonio Tabucchi; «Intimidad» y «Cuando comienza la noche», de Hanif Kureishi, y «Terapia» de David Lodge. El año pasado estrenó en el teatro Cervantes «El mar», pieza basada en dos relatos de la argentina María Fasce, que luego de presentarse en Barcelona fue invitada al Festival de Madrid. Hoy Izcovich duda entre llevar a la escena sus propios cuentos o darle prioridad al montaje de «Extraños», versión teatral de un relato de Kureishi que estrenaría en Barcelona.
«Siempre fui muy lectora y, aunque me gusta ver teatro, leerlo me aburre terriblemente. Salvo el teatro de Pinter, en general, los textos dramáticos me resultan confusos o demasiado escuetos. Siempre me parece que les faltaran cosas», dice a este diario. Ella misma contactó a Hustvedt (autora de un libro de poesía y de varios ensayos y novelas, entre ellas «Todo cuanto amé», traducida a 8 idiomas). Aprovechando su viaje a Buenos Aires -organizado por el Malba- la escritora presentará en la Feria del libro «Misterios del rectángulo», su último ensayo sobre pintura.
Periodista: Primero se hizo amiga de Kureishi, luego trajo a Lodge al estreno de «Terapia» y ahora va a dictar una conferencia con Hustvedt.
Gabriela Izcovich: A mí me encanta que vengan y vean en qué condiciones trabajamos. Cuando vino David Lodge, por ejemplo, él no sabía que la obra se daba en una salita para 50 espectadores. Cuando ingresó por primera vez a «La carbonera» creyó que era el hall de entrada. Pero después vino tres veces a ver la obra.
P.: Más allá de su gusto por la literatura, usted sólo adapta a autores que están vivos. ¿Es por alguna razón?
G.I.: Ante todo, hay que estar muy trastornado para llevar una novela al escenario, con lo difícil que es, pero a mí me estimula el contacto con los escritores, es lo que me da el potencial más fuerte para la creación. Todos esos datos que después no aparecen en escena me permiten delinear cada personaje con más profundidad.
P.: ¿Qué elementos teatrales detectó en «La venda»?
G.I.: En realidad es una novela anti-teatral, algo que también cree la autora, aunque me hizo observaciones muy interesantes por email.«La venda» toca un tema que siempre me obsesionó, el de la identidad femenina en relación al hombre. Ese límite impreciso entre la psicología masculina y femenina es algo que aparece mucho en sus novelas. En «Todo cuanto amé», una de las protagonistas se viste de hombre después de la muerte del marido. Iris, mi personaje, tiene el nombre de la autora al revés porque algunas de estas historias son autobiográficas. Hustvedt lo explica en el programa de mano. Iris es una mujer que busca experiencias fuera de lo común, pero termina enredada en vínculos muy destructivos. La novela refleja una captación de la psiquis del hombre bastante siniestra.
P.: ¿Cómo cree que va a reaccionar la autora cuando vea su adaptación?
G.I.: Ella es generosa. Ahora tengo que hacer un resumen en inglés y estudiarlo bien para poder explicarle todos los recortes que hice. Pero ella me autorizó a hacerlos, inclusive sugirió varios. A ella le resulta interesante venir a la Argentina, aunque no sabe nada de español.
P.: ¿Kureishi sigue siendo su favorito?
G.I.: Me gusta trabajar con él porque somos amigos. El lee mis cuentos, yo sus guiones de cine... estamos en contacto permanente. Me gusta trabajar con amigos.
Entrevista de P.E.



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