26 de mayo 2006 - 00:00
El teatro infantil y el reto del entretenimiento virtual
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«Objetos
maravillosos»,
de Hugo Midón,
uno de los
innumerables
espectáculos
para chicos que
ofrece la
cartelera porteña
(a los que se
sumarán muchos
más en las
vacaciones de
julio), no todos
con el mismo
nivel de calidad
ni los mismos
resultados en
boletería.
Discrepa Cecilia Miserere, directora de «La O de Odiseo», a partir de los clásicos de clásicos «La Ilíada» y «La Odisea». Ella explica: «No lo hago como un negocio sino porque quiero acercarle al chico otra alternativa, la curiosidad de preguntar en su casa. A decir verdad el teatro para chicos no es negocio, salvo que hagas un musical en el Opera».
Una tercera opinión sobre la rentabilidad o no del teatro para chicos la aportó Tony Lestinghi, director de «Viaje Sapukay»: «Con el teatro independiente nadie gana plata, hace 30 años que estoy y sólo puse plata. Un espectaculo, por más bajo costo que tenga, requiere de 10 mil pesos de inversión. ¿Cuántas entradas hay que vender para recuperar? ¿Y sin publicidad?. Lo que funciona es el boca en boca, pues tiene nobleza. No tener público es lo peor, y más para el clown, que trabaja con la platea».
Este espectáculo para la familia es un viaje del protagonista que lo lleva de una gran ciudad hasta el Amazonas. Allí descubre lugares, costumbres, y aspectos de la cultura de Argentina, Bolivia y Perú. «Tiene mensaje doble, para el adulto y para el chico, apunta a que se conozcan cosas nuevas, como la comida bolivianas. Conocemos la cocina francesa, italiana y alemana pero no sabemos qué come el boliviano o el peruano. Se explica qué es la hoja de coca, el Lago Titicaca. Me sorprende que conocemos la leyenda de Drácula y no la del Chulla Chaqui, el duende del Amazonas, que se convierte en tigre, en tarántula», reflexiona Lestinghi.
Sobre la cuestión de la moraleja, condición sine qua non en toda obra infantil, dice Lestinghi: «Todas las obras, para adultos o para chicos, quieren dejar una enseñanza. Por más que algunos «modernos» digan «a mí no me gusta dejar mensaje», se puede ser más o menos explícito pero el mensaje está implícito. Con el teatro moderno actual hay muchas cosas en las que uno queda afuera, hay un teatro muy intelectual. Si bien existen muchas búsquedas, me gusta que me cuenten un cuentito y no me dejes afuera por creerte intelectual».
La última pregunta es la primera: ¿Cómo se compite con la frenética tecnología en permanente evolución y divertimento cada vez más sofisticado? ¿Cómo se ofrece teatro convencional a chicos de 3 años que piden un celular como regalo de cumpleaños? Miserere sostuvo: «Además de directora soy madre y uno intenta inculcarle a su hijo el hábito del teatro para que no se pierda frente a la computadora o la televisión. Se trata de enriquecer y que tengan acceso a todo, se trata de sumar y ofrecerle muchas alternativas. Solos no piden ir al teatro, uno tiene que promover. Debe haber además mucho guiño al adulto porque es el que lleva al chico. La platea infantil interactúa mucho, habla con los personajes favoritos, como cuando se sienta frente a los dibujos animados de la TV. Pero el ida y vuelta con los actores es muy diferente al de la TV». Omar Calicchio, director de «Zooilógico» expresó: «La magia que ocasiona el vivo no la genera nada. Es irreemplazable. Que el chico pueda disfrutar del teatro tiene que ver con la sensibilidad que los padres inclulcan a sus hijos. No es lo mismo decir «Te quiero» por e-mail que en persona. Si disfruta un chico del teatro es porque le han transmitido sensibilidad. El infantil es el público mas exigente, que si no le gusta se atreve a decir lo que le pasa y se va. El chico actual con computadora y acceso al mundo vía Internet, irremediablemente sabe más que lo que sabíamos nosotros a esa edad. Es más cruel si se quiere».




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