11 de noviembre 2002 - 00:00

El teatro recupera un mito

Miguel Falabella
Miguel Falabella
Se está representando en el Teatro Astral la comedia musical «South American Way - Carmen Miranda», dirigida por Miguel Falabella y escrita en colaboración con Maria Carmem Barbosa. Este nuevo espectáculo del autor de «Nosotras que nos queremos tanto», «Cómo rellenar un bikini salvaje» y «El submarino» propone un dinámico acercamiento a uno de los mitos más añorados de Brasil y, además, viene precedido por varios premios y buenas críticas de su país de origen.

El elenco de 19 artistas está encabezado por Stella Miranda y Soraya Ravenle, quienes interpretan a la diva en su madurez y juventud, respectivamente. A esto se suma un colorido vestuario de 256 trajes y la inclusión de canciones y cuadros musicales tan emblemáticos como: «Mama eu quero», «O que é que a baiana tem» y «Chica Chica Boom», entre otros. Según lo anticipado por su autor, la pieza será llevada al cine por una productora norteamericana con la que se encuentra en tratativas. Las funciones de «South American Way» continuarán hasta el 16 de noviembre.

•Crisis

Periodista: ¿Resulta redituable traer esta producción en medio de una crisis como la que padece la Argentina?

Miguel Falabella:
Brasil está en crisis, Argentina está en crisis... Mi generación siempre vivió en crisis. Yo nací, hice mi carrera y sigo trabajando en medio de la crisis. Ya no me asusta más, la vivo. Tenía muchas ganas de traer «Carmen Miranda» a Buenos Aires porque en primer lugar ella amaba a Buenos Aires y vino muchas veces. Llegó a cantar tango antes que samba, por ejemplo ése que dice: «Mama... yo quiero un novio». Después, cuando estrenó en el '40 «Down Argentine way» (con Betty Grable y Don Ameche), la gente se enojó muchísimo y hasta hubo disturbios en algunos cines. Ella se lamentaba: «¡Cómo puede ser si los argentinos me aman!», no entendió que el problema no era con ella sino con esa ridícula visión que tenía Hollywood de América Latina. Ella aparecía cantando samba, vestida de mexicana y con sombrero. Es que para Hollywood América Latina era un solo país y lo sigue siendo.

P.: Ella tenía con Brasil una relación de amor y odio.


M.F.:
Es cierto. Aunque nació en Portugal ella siempre fue considerada brasileña, porque llegó al país siendo casi un bebé. Pero en el '38 la vio cantar el productor Lee Shubert y la llevó a Broadway. Tuvo un éxito sorprendente, así que pasó a Hollywood de inmediato y se quedó un año en Estados Unidos. Cuando volvió a Brasil la prensa la trató como a una perra, como si hubiera traicionado al país. Es ahí cuando lanza, en respuesta a sus detractores, aquel tema tan emblemático (canta) «Disseram que eu voltei americanizada...». Si Hollywood no la hubiera contratado, su carrera habría terminado ahí mismo, porque el rechazo que sufrió fue terrible. Nunca más regresó a Brasil, apenas una fugaz visita a fines del '54, pocos meses antes de morir de un infarto en su casa de California. Pero el público la amaba y su entierro en Brasil fue una de las cosas más emocionantes que se hayan visto. Toda la gente en la calle, como ocurrió acá con Evita. Allá la gente lloraba y cantaba sus canciones.

P.: El famoso documental de Helena Solberg «Carmen Miranda, Bananas is my Busines» es muy elocuente al respecto.


M.F.:
Sí, pero nosotros decidimos desde el principio no preocuparnos por su biografía. A nosotros no nos interesaba contar su vida o lo que hizo en cada década, sino discutir el mito de una mujer, una estrella latinoamericana que tenía todos los conflictos posibles. Hay que ver que en el año '42 ganaba más que Bette Davis y Joan Crawford, era la artista mejor paga. Además tuvo una vida sentimental muy tumultuosa, agravada por su extrema religiosidad, porque ella era muy católica. Así que sufrió mucho por no poder casarse con el hombre que amaba, que era divorciado. Su madre no le daba su aprobación y ella se la pasaba protestando. En «South American Way» se mezcla la acción dramática con las canciones y las coreografías que fueron montadas especialmente, teniendo como base la música popular y el panorama político-cultural de esos años. Y lo más importante toda la obra tiene muy buen ritmo.

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