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En ella, Maddy Rooney es una septuagenaria que va a buscar a su marido ciego a la estación de tren y en el camino se va encontrando con personajes tan pintorescos como ella. Ya de regreso mantiene con su esposo una conversación humorística sobre la muerte, el deterioro, la soledad, la incomunicación y otros tópicos becketianos de los que ambos se burlan a pesar de sufrirlos en carne propia.
El elenco está integrado por Miguel Guerberof: Aprendí a conocer a Beckett directamente sobre el escenario. Antes inter-pretaba su obra como una especie de agonía, ahora en cambio descubrí en él mucho más humor e ironía. No es que le dé un sentido optimista a su obra, sino que todo me parece una gran mascarada: ya que los dioses han muerto lo único que nos queda es reírnos de nuestra propia tragedia, de nuestra imposibilidad y de nuestro desamor. Entre otras cosas, Beckett me ayudó a conocer a Shakespeare, que está presente en todas sus obras y que fue su gran referente cultural y poético. También me enseñó que estamos atados al lenguaje y que ésa es nuestra verdadera conciencia, ese pozo adonde va a caer todo y que solo podemos descifrar a través del lenguaje mismo. Beckett enseña a tirar abajo todo lo efímero y estúpido de la ilusión, porque uno trabaja con lo que ocurre y acontece, no con lo que imagina que ocurre y acontece. Lo más importante es hacerse cargo de lo que uno dice, ahí está la clave.
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