En la obra de Avello, el arte captura la ciudad

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La atracción creciente que hoy ejerce el arte se debe en parte a esa condición especial que en ocasiones posee, de mostrar con claridad e intensidad inesperada cosas y cuestiones de la vida cotidiana que suelen pasan inadvertidas o, que parecen irrelevantes, y acaban siendo importantes.

«Volumen», la obra de Sergio Avello emplazada recientemente en la explanada de ingreso al Malba, es un buen ejemplo en este sentido, funciona como un despertador de la conciencia. Esta inmensa torre que emite señales luminosas en la puerta del Museo, se asemeja a un gigantesco semáforo, cargado de luces verdes, amarillas y rojas.

Del fárrago de la realidad cotidiana, del incesante ir y venir del tránsito y la gente que circula por la Avenida Figueroa Alcorta, Avello logra abstraer el ruido ambiental y tornarlo visible a través de la luz. Sensibles como el oído de un músico, los focos amarillos delatan hasta el más mínimo ruido; los rojos se encienden todos a la vez con el paso de los aviones y palpitan de acuerdo al volumen de los bocinazos, frenadas y arranques que se suceden sin pausa; las luces verdes, indicadoras del silencio, irradian su benéfico resplandor cuando ha pasado la medianoche.

Inesperadamente, quienes se detienen a ver la obra y asocian el vaivén luminoso al ruido ambiental, descubren los prepotentes y violentos ruidos que invaden un barrio supuestamente tranquilo y residencial. Sin embargo, más allá de que la obra agudice la sensibilidad, y de que ponga en evidencia la agresión auditiva a la que están sometidos los habitantes de Buenos Aires, la ciudad más ruidosa de Latinoamérica, su ambiguo formato se puede asociar a un semáforo tanto como a un inmenso parlante que induce de inmediato a evocar la música.

Con el aporte tecnológico de un «vumetro», aparato que traduce en luz el sonido, Avello, que es un avezado disc jockey, conjuga el arte lumínico con lo indeseable del ruido, y así trae el recuerdo de los efectos seductores de la música que es, como se sabe, «la más abstracta de las artes».

La abstracción es el territorio que ha transitado el artista desde la década del 80, cuando dejó su Mar del Plata natal para venir a Buenos Aires. Pero se trata de una abstracción especial, ornamental y decorativa, tan cargada de belleza e ironía que se percibía como un pecado en los 80, cuando la tendencia era mostrar con desgarrado gesto expresionista los padecimientos del mundo.

Esa misma estética ornamental y decorativa dominó la década del '90 y dejó de ser un juego. Pero Avello, artista valorado por los artistas, quedó casi en la sombra, celebrado por los conocedores de su inusual trayectoria y desconocido por el gran público. Su nombre comenzó a trascender en 2003, cuando exhibió una estupenda serie de obras en el Fondo de las Artes, acompañadas por un texto de Ernesto Montequín que daba cuenta de sus méritos.

Allí estaba la bandera de Boca Juniors trasformándose de a poco en la Argentina, y la serie «Polecelis», pinturas que parodian las de dos celebridades de la abstracción. Ese mismo año Avello integró el envío de nuestro país a la Bienal del Mercosur, y la radiante « Bandera argentina» que presentó en Porto Alegre se convirtió en su obra consagratoria. Como elocuente símbolo de los avatares que han signado la historia de nuestra patria, unas luminosas bandas blancas y celestes se iban encendiendo hasta brillar, pero como si el mecanismo que las puso en marcha se hubieraagotado, comenzaban a titilar hasta casi apagarse y luego de vuelta a empezar. Este año la obra fue la estrella de Estudio Abierto, elegida por Jorge Telerman para el retrato marketinero.

La política local también inspiró en 2003 una Bandera de enrulado cuero de oveja haciendo juego con unas coquetasbotas de tacos empinados (burlona alusión al inicio de los tiempos K), que su galería Dabbah Torrejón presentó en una feria de arteBA y la firma Chandon donó al Museo de Bellas Artes de Neuquén.

El año pasado, una de las pinturas de Avello ingresó en la colección del Malba y, ahora, el curador del Museo, Marcelo Pacheco, lo invitó a crear una obra para ese espacio difícil que es la explanada y que se estrenó con una obra maestra del arte urbano, un lúdico « Penetrable» del venezolano Jesús Soto.

«Volumen» no es menos interesante. Se trata de una obra para ser mirada y escuchada, porque su silencio aturde. Schopenhauer aseguraba que «la sensibilidad de una persona hacia la música varía en forma inversamente proporcional a la cantidad de ruido que puede soportar».

Con otras palabras, en el textode presentación de «Volumen», la marplatense Erika Escoda aclara el concepto cuando dice que «la insensibilidad que protege del dolor también anestesia el disfrute». Así, para llamar la atención sobre estas y otras cuestiones de la convivencia urbana, derramando una luz que baña gratamente el espacio, esta obra monumental se levanta frente al Malba hasta setiembre.

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