Entretiene "Arca" de buen nivel formal

Espectáculos

«El arca» (Argentina-Italia, 2007, habl. en español). Dir.: J.P. Buscarini. Dir. de animación: P. Blumembaum. Guión: J.A. Nacher, F.H. Schmidt Bescio. Film animado. Voces: J.C. Mesa, J. Guinzburg, L. Gómez, M. Fabián, R. Villar, M. Ruiz Guiñazú.

Es una lástima que los créditos finales de este dibujo sobre el diluvio universal rueden con la típica velocidad de los créditos televisivos, algo que en este caso es realmente innecesario y deja a los espectadores sin la seguridad de haber leído bien algo que les interesaba. Por ejemplo, ¿quiénes hicieron la graciosa versión de «Resistiré» que cantan los animales carnívoros, obligados a convivir cuarenta días con los apetecibles herbívoros?, ¿y quiénes hacen las voces de Dios, el ángel asistente, y la mujer de Noé? ¿O quién ilustra, con unos planos simples pero inquietantes, el maquiavélico, humanísimo (y algo british) plan del tigre para domesticar a las demás especies, engordarlas, y comerlas?

Esto último alcanzamos a leerlo. Se trata del calificado Pablo Rodríguez Jáuregui, rosarino igual que Juan Pablo Buscarini, el director de la película, director, también, de «El ratón Pérez» y de muchos excelentes trabajos de animación para el cine publicitario, y guía principal de esta producción de notable calidad formal. Los fondos, los escenarios, cada detalle en la multitud de animales, los planos del arca girando en medio del mar embravecido, con un techo que parece de maqueta de fósforos, tan bien pintados que dan ganas de tocarlos (hay que darle crédito también al director de animación Pedro Blumembaum), todo eso evidencia el buen nivel al que está llegando el cine de animación en la Argentina. Puede objetarse, en cambio, el diseño de personajes demasiado «a la norteamericana», sobre todo algunos animales, aunque no disgusta, y hasta puede pasar por homenaje que, para salvarse, dos humanos asuman una apariencia bastante similar a la de ciertos monstruitos de «El submarino amarillo». Algunas cosas pueden tomarse como casualidades, como absorciones, o como guiño de entendidos, y otras, como verdaderos hallazgos, por ejemplo, la desconfianza del unicornio y otros seres fantásticos. Todo está mezclado, y, por suerte, casi todo funciona, y funciona para casi todas las edades (pueden objetarse, también, algunas voces de famosos, pero no todas: Juan Carlos Mesa, más que famoso, es el propio Noé que ha resucitado). La historia es entretenida.

Inicialmente fiel al «Génesis», a la paciencia con que los viejos soportan a sus nueras agrega otros dos relatos paralelos: una pareja de pícaros lucha por colarse en el arca, y el tigre y el león (ególatra inmaduro) luchan por el reino animal. Dato interesante, al león lo despabila una leona poco agraciada, caderona, pero lo suficientemente capaz de llevar adelante las cosas y desplazar a las tremendas gatas que rondan el trono.

Contemplando todo eso juntoa las tramoyas del gran teatro celestial, están Dios (un gordo todavía joven) y su ángel secretario, que por ahí lo despierta diciéndole «hay gente que ha madrugado y necesita su ayuda», y chascarrillos semejantes, de amable irreverencia. Tales picardías -y algunas de otro tenor, pero todas autorizadas por la familia Flanders- acompañan debidamente, además, la moraleja de esta historia, que sigue siendo, como siempre, un mensaje natural de fe en Dios y convivencia entre los seres vivientes.

P.S.

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