Así como el año pasado a nadie sorprendió que «El tigre y el dragón», la estilizada producción de artes marciales de Ang Lee, se llevara el Oscar al Mejor Film Extranjero, esta temporada el establishment hollywoodense da por descontado que la comedia francesa «Amélie», de Jean-Pierre Jeunet, será la vencedora en esa misma categoría. Es más: la casi certeza que existe en ese rubro no se repite en el principal, donde no existe como en 2001 una clara favorita al estilo de «Gladiador».
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Desde que «Amélie» cruzó el Atlántico, todo se aunó para que se convirtiera rápidamente en el objeto preciado del público, luego de que los poderosos sellos Buena Vista y Miramax, ambas subsidiarias de Disney, se aseguraron sus derechos de explotación: el film de Jeunet, de quien se recuerda la más experimental «Delicatessen» (1991), tiene los componentes necesarios para llegar rápidamente a la sensibilidad americana, en especial después de la depresión colectiva a partir del 11 de septiembre. En los EE.UU. se estrenó el 2 de noviembre en 298 salas y recaudó, desde entonces, 20,9 millones de dólares, con lo que superó el récord para un film francés de 20,4 millones de dólares que hizo en 1979 «La jaula de las locas».
Su fuerza de fábula optimista, de alguna manera, también movió a los responsables de la distribución local, que decidieron anticipar su estreno para mañana en lugar de la fecha que estaba originalmente prevista, y que era en marzo junto con los Oscar.
«Amélie», protagonizada por Audrey Tatou, es una comedia con componentes fantásticos acerca de una joven que discretamente trata de influir en la vida de quienes la rodean, creando así un mundo de su pertenencia. Su odisea comienza una noche, tras escuchar por televisión la noticia de la muerte de Lady Di, cuando accidentalmente descubre, tras un zócalo de su departamento, un viejo cofrecito con tesoros infantiles que fue guardado allí muchos años atrás. Amélie se propone, de forma anónima, restituir a su dueño ese olvidado recuerdo, y a partir de allí tanto su vida, como la de los otros, se modifica.
Además de «Delicatessen», Jeunet dirigió también «La ciudad de los niños perdidos» («La Cité des Enfants Perdus», 1995, localmente sólo conocida en video) y « Alien Resurrection» (1997). El director es un obsesivo de la imagen y la posproducción en computadora, y cada uno de sus trabajos llevan su sello inconfundible.
La película fue rodada durante cuatro meses en más de 80 locaciones de París, como la iglesia de Sacre Coeur, la Catedral de Nôtre-Dame, el subterráneo y las calles de Montmartre. Sólo en Francia, la recaudación del film llegó a los U$S 40 millones en octubre de 2001.
Por primera vez, Jeunet filmó fuera de estudio. «Deseaba que París estuviera en el corazón de la película. Pero, al igual que Kurosawa, considero que cada toma debe ser como una pintura, de modo que busqué imágenes que me atrajeran, como las cosas que podemos encontrar en las historietas de Tardi o en algunos films; imágenes encontradas en el subte, en ciertos monumentos, en escaleras, en edificios de piedra», dijo.
En el resultado, el director reconoce deudas a patriarcas del cine de su país, como Francois Truffaut, Jean Renoir, René Clair y Marcel Carné, comenzando por los primeros planos del film que transcurren en la Rue St-Vincent de Montmartre, donde se iniciaba «Los 400 golpes» de Truffaut.
Uno de los aspectos que más demoró el inicio del rodaje fue dar con el rostro exacto que ambicionaba el director. Audrey Tautou apareció en un aviso publicitario del film «Venus Beauty Institute», donde tenía un papel de reparto (1999). Mathieu Kassovitz, actor y director él mismo (recientemente se vio su policial «Los ríos púrpuras») es el coprotagonista de la película.
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