«La condenación de Fausto», leyenda dramática de H. Berlioz. Con C. Díaz, C. Bengolea, M. Lombardero y C. Peregrino. Dir. Coro: A. Balzanelli. Dir. Coro Niños: V. Sciamarella. Orq. Estable, director: S. Lano. (3/11, Teatro Colón, Abono vespertino).
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Tal como fue concebida por el compositor romántico francés Héctor Berlioz (1803-1869), «La condenación de Fausto» es una monumental obra de concierto, sin escenificación, trajes, ni decorados; aunque existe una versión operística que Raoul Gunsbourg creó para Montecarlo, en el Colón se representó según la versión original.
Así el público se encontró con el máximo capital de nuestro primer coliseo a la vista, sus músicos y coreutas que poblaron la escena con 200 profesionales adultos y una treintena de niños cantores de perfecta afinación.
Al frente de esta multitud está el compositor, pianista y hábil director Stefan Lano, una de las autoridades más interesantes que en los últimos años conduce organismos locales. Lano repitió la hazaña con esta densa partitura (dos horas y media) en la que se alternan momentos feéricos con danzas, marchas, arias y visiones profanas en contraposición a otras sacralizadas. El director logró de músicos y cantantes una comprometida concentración.
En su año consagratorio en varias facetas, Marcelo Lombardero asumió el papel de Mefistófeles con elegancia e inteligencia para administrar sus recursos vocales, llegando a grandes alturas, como en «Voici des roses», que evocó a algunos grandes modelos de su cuerda. La ingenua Margarita encontró en la mezzo Cecilia Díaz la cantante ideal, en la plenitud de sus medios, tanto como para abarcar la complejidad de la «canción gótica» que cita al Roi de Thulé y pasar -previo un preludio en corno inglés-a ese momento plagado de sensualidad melancólica que es «D'amour l'ardente flamme», que la cantante argentina hizo con una expresividad y transmisión emocional fuera de lo común.
El tenor Carlos Bengolea afrontó su difícil parte lo mejor que pudo, y se valoró su esfuerzo a pesar de algún agudo destemplado; correcto Christian Peregrino en su participación y un encanto la niña cantora -que invoca la santidad de Margaritay sus compañeros del excelente Coro de Niños. El final de la obra, con la participación de todos es sobrecogedor.
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