12 de enero 2005 - 00:00
"Europa ya no supone que vivimos en realismo mágico"
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Roberto Ampuero considera que el «neopolicial latinoamericano» ha retomado las formas clásicas de la picaresca y difundido internacionalmente una nueva imagen, posmoderna y globalizada, de nuestros países.
Periodista: Le ha ido bien con sus novelas policiales.
Roberto Ampuero: La serie del detective Cayetano Brulé, que va por su quinto libro, vendió en Chile, un país sin tradición en neopolicial, cerca de 200 mil ejemplares, y ha sido traducida en España, Portugal, Francia, Italia, Alemania y Grecia.
R.A.: La novela policial es la picaresca de esta época. Creo que gusta que Cayetano Brulé, mi detective amateur, gordo, calvo, friolento (que recuerda un poco a Vázquez Montalban, y es mi homenaje a ese gran escritor español de policiales) sea un cubano que pasa a vivir en el Como Sur, y es capaz de integrar el Caribe con el mundo fresco del sur de Sudamérica. Además, él siempre viaja al norte, a los países desarrollados, y entonces tiene una mirada del sur sobre el mundo industrial. Esto es interesante porque nosotros hemos sido siempre lo descrito, en el cine y las novelas, y el norte es el sujeto que describe. Cayetano invierte los términos. Por otra parte, Brulé señala la necesidad de revisar el pasado, de investigar.
P.: ¿No lo sorprende que ser traducido en países donde lo que ha gustado más de nuestra literatura ha sido el realismo mágico?
R.A.: Brulé no viene de ese mundo campesino y mágico sino del urbano, real, concreto de la investigación policial. Brulé viaja, opera, negocia, en el mundo del desarrollo. Es el correlato literario de los que está pasando hoy, las grandes inmigraciones del sur al norte, que van dejando también un testimonio literario. Yo soy un testimonio, los últ imos 30 años los he pasado viviendo fuera de mi país, en el mundo industrial. Junto a estas migraciones recientes de sur a norte van quedando este tipo de relatos que son testimonio literarios de el mundo que uno, como latinoamericano, sin alas mágicas, encuentra, ve, analiza, critica, admira, acepta, rechaza. Esa relación los lectores del norte lo agradecen. Ya no parten del supuesto de que América Latina es lo real maravilloso, el realismo mágico, están dispuestos a aceptar que hoy, a través de la modernización, somos capaces de actuar, tener mucho éxito y poder triunfar en cualquiera de esas sociedades. Parece que ya nos es permitido el cosmopolitismo también en literatura.
P.: ¿Cambió la forma de vernos?
R.A.: Hay un cambio de sensibilidad en Europa y Estados Unidos por el turismo, cada vez más gente viaje del norte al sur. está, además, la inmigración latinoamericana, la globalización, las comunicaciones, la televisión. Ha ido cambiando la imagen de una América Latina de postal de realismo mágico. No estoy criticando lo hecho García Márquez, por el contrario, él ha abierto puertas. Lo admiro. Pero ésta es una visión más matizada, más realista del lo que es hoy este continente.
P.: Usted tiene éxito con su detective cubano-
chileno y salta a escribir un policial donde ese personaje no está.
R.A.: Cuando escribí «Los amantes de Estocolmo» ya tenía cuatro novelas de Cayetano Brulé, y luego presenté la quinta, «Halcones de la noche». Me preguntaron: ¿realmente quiere dejar de lado a Brulé que tiene sus lectores asegurados y entrar en otro terreno? Sí, porque tengo una historia que no puedo contra a través de Cayetano. Quiero con ella llegar hasta los bordes de la novela policial, tratar de romperla, escapar de ella, incorporar otros géneros. Me fue bien, en Chile fue la novela más vendida del 2003, le ganó a Dan Brown y a Isabel Allende.
R.A.: Estuve allí tres años, antes de irme a vivir a Estados Unidos. «Los amantes de Estocolmo» trata de un escritor latinoamericano que está en Suecia y tiene que entregar una novela que no pudo elaborar porque no tuvo la tranquilidad de espíritu para hacerlo. Mientras está pensado qué hacer, va escribiendo lo que le está ocurriendo. Buscando la dirección de un editor, abre la cartera de sus mujer y encuentra una prenda erótica de ella que nunca ha visto. Se pregunta: ¿me engaña? ¿qué hago ahora? ¿la enfrento par que me explique? Decide no enfrentarla y comenzar a seguirla para descubrir al amante. Cuando está haciendo eso se da cuenta que lo que le está ocurriendo es la novela que estaba buscando escribir. Y empieza a escribirla. Esto me dio mucha libertad frente a los códigos de la novela policial, la posibilidad de explorar con el personaje, meterme en sus zapatos y dejarme llevar sin plan ninguno por la investigación que realiza. Y él se va involucrando en esa investigación, va creando una relación distinta con su mujer, la va siguiendo. Su mujer es activa en el mundo de las antigüedades, está tratando de poner un negocio y se encuentra con muchos hombres, y él sospecha cada vez de que es el amante. Y va haciendo descubrimientos. Descubre un día que su mujer vio su novela en la computadora, ha quedado una huella de que la ha estado leyendo. Piensa entonces: que la persiga por Estocolmo y no descubra al hombre con el cual se reúne no demuestra que no tenga un amante sino que, como ha leído mi novela, ha decidido actuar de forma que yo piense que no tiene un amante, por lo tanto la inexistencia del amante prueba que lo tiene.
P.: Si se trata de un policial, ¿dónde comienzan los crímenes?
R.A.: Hay un crimen, avanzado el 60 por ciento de la novela, y es secundario. Lo importante es que el protagonista está envuelto en una sospecha que no tiene ningún asidero. Ese hombre vive dentro de su propio discurso y lo llevará a su tragedia. Pero, al mismo tiempo, podemos pensar que, sin entrar en una actitud patológica, nosotros también vivimos inmersos en discursos de los cuales no nos es posible comprobar la realidad.
P.: Además, la novela tiene guiños para el lector atento.
R.A.: Sí, hay referencias al «Quijote», a Edgard Allan Poe, a Fernando Pessoa, a Graham Greene, a Patricia Highsmith, a Paul Auster, a Rusell Banks, pero en el fondo me importó plantear, desde los celos pero más allá de los celos, la relación de la realidad con la ficción, de la ficción con la realidad. Es, además, una historia que a la vez que se escribe y se desarrollan los sucesos reflexiona sobre la condición del escritor.
Entrevista de Máximo Soto



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