"Exilios. Lorenzo Varela"

Espectáculos

«Exilios-Lorenzo Varela» (España, 2005, habl. en gallego y español.Guión y dir.: X. Leira. Documental.

De Xan Leira, el autor de «Patagonia, utopía libertaria», sobre el famoso «gallego Soto» que logró escapar a Chile, y «Castelao e os irmans da liberdade», sobre la vida del líder galleguista en Argentina, he aquí la historia de otro luchador de la colectividad, asimismo valioso poeta y crítico de artes plásticas en «Sur», de Victoria Ocampo, «Mundo Argentino» (etapa dirigida por Ernesto Sabato), el viejo vespertino «La Razón», «Panorama», y otros medios.

Signado por el destino, Manuel Lorenzo Varela nació en un barco español de emigrantes, frente al puerto de La Habana. Poco tiempo después, la familia estaba de vuelta en Lugo, pero sólo para probar suerte de nuevo, ahora en Argentina, donde Varela hizo la escuela primaria. Otra vez en Lugo, le seguirían Madrid, los frentes de combate a lo largo de tres años por toda España, un campo de concentración en Francia, el exilio en México, Argentina, y (también vigilado por el peronismo) el Uruguay. Nada de esto le hizo cejar en sus combates, formando fila junto a Luis Seoane y Arturo Cuadrado, otros dos grandes galleguistas de Buenos Aires. En 1976, tras la muerte de Juan Perón, y asediado por la Triple A (justo venía de trabajar en «Crisis»), Varela al fin pudo volver a su patria, de la que tuviera que irse casi 40 años antes. Sin embargo, para su decepción, ya nada era lo mismo. Ignorado por las nuevas generaciones, ajenas a su sacrificio de toda la vida, la España del Destape y la Moderna Galicia le dieron la espalda. El y los suyos apenas eran, como recuerda un entrevistado citando viejos versos, «soldados derrotados de un sueño invencible». Enfermo, en 1978 se dio al alcohol y se dejó morir.

Leira cuenta este drama del siglo XX mediante los sucesivos testimonios de veteranos de guerra, diversos exiliados, parientes, periodistas, investigadores, el gerente del Café Tortoni, testigo de sus peñas literarias, y el alcalde de su pueblo natal. El trabajo es interesante, de controlada emoción. Unico reproche, la solemnidad. Una sola vez hay espacio para la sonrisa, y es cuando una anciana entrevistada recuerda a los «jóvenes disponibles» de la colectividad, señalando que para Arturo Cuadrado «primero eran las niñas y luego, si había que hacer política, pues que se haga». Pero es sólo para destacar inmediatamente que para Varela, en cambio, primero el deber político, no «las niñas».

Dejá tu comentario