El tono grotesco de la puesta, el desparpajo con que se exhiben algunas perversiones y debilidades humanas, sin descartar el humor, traen a la memoria la recordada película de Pero, mucho más interesante que el conflicto central -provocado por la llegada de un médico que atiende kinesiológicamente a la madre, pero se enamora de la hija-es el curioso perfil que ofrecen sus personajes, eficazmente interpretados por
Aún así el espectáculo cautiva al espectador y lo enfrenta -a veces con risas, otras con espanto-a esas disfunciones de la vida familiar que, en general, resulta más cómodo ocultar.
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