Val Kilmer regresó ayer al Festival de Cannes, al menos en imagen, con un documental con sabor amargo, al repasar su exitosa carrera en Hollywood, antes de su declive y del cáncer que lo privó de su voz. “Val”, fuera de competición y producido por Amazon, es un retrato alimentado con sus propios archivos. Aunque el actor de 61 años, no estuvo presente en Cannes, sus hijos, Jack y Mercedes, asistieron a la presentación. Debido a su operación de garganta, Val Kilmer no puede hablar correctamente pero participa en “Top Gun: Maverick”, segunda parte del film que lo hizo famoso y que se estrenará próximamente. El documental, dirigido por Leo Scott y Ting Poo, lo muestra como una celebridad venida a menos, que se conforma con firmar autógrafos en convenciones para promover, como él mismo confiesa, “mi antiguo yo”. El film se basa en los videos personales del artista, que vive con una cámara desde su infancia, mostrando escenas inéditas de sus rodajes, entre estos algunos de sus grandes éxitos como “Tombstone”, “The Doors” y “Batman forever”.
Cannes: Val Kilmer volvió con una imagen dolorosa
En competencia se vio la nueva película de Nadav Lapid, un israelí crítico de su gobierno.
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Val Kilmer. La película sobre su enfermedad la presentaron sus hijos.
El festival recordó ayer a los asistentes que el uso del barbijo es obligatorio en las salas después de que en las redes sociales se difundieran imágenes de espectadores sin ellos. “El barbijo es la regla, la ley y la garantía de que el festival se realice hasta el final”, dijo el delegado general del certamen, Thierry Frémaux, antes de una proyección. Sin embargo, en la noche de apertura no había preocupado mucho ver a cara descubierta a las estrellas del film de apertura. Desde el arranque del festival, el martes, se observó que parte del público asiste a las proyecciones sin barbijo, y ayer empezaron a multiplicarse los comentarios de indignación en Twitter. Si bien la situación sanitaria mejoró en Francia, la variante Delta ha provocado un repunte de los casos y el gobierno podría anunciar nuevas medidas el próximo lunes para evitar una cuarta ola de covid-19.
Un film visto ayer, también para la polémica, asegura que la política ha vuelto “enfermos y ciegos” a los israelíes. El director Nadav Lapid, en competencia por la Palma de Oro, exhibió “La rodilla de Ahed” (una joven palestina), una denuncia contra lo que él, según él, es la censura del gobierno. Lapid, que vive en París, en 2019 ganó el Oso de Oro de la Berlinale por “Sinónimos”, un paseo por las calles de la capital francesa. En “La rodilla de Ahed”, el director, de 46 años, muestra la difícil relación que mantiene con su país. El film transcurre en la pequeña aldea de Sapir, en la región desértica de Arava, adonde llega un director colérico para proyectar uno de sus films de éxito en el extranjero. Al bajarse del avión lo espera una enviada del ministerio de Cultura para hacerle firmar un documento que el director (interpretado por Avshalom Pollak) define “de sumisión”: debe comprometerse a tratar en sus films temas no polémicos, o bien a la gloria de Israel y su pueblo, para recibir financiamiento. “Lo que es triste en Israel es que no es necesario enviar tanques frente al Israeli Film Fund”, dijo a la prensa. “No hay necesidad de detener a un director y meterlo en prisión como en Rusia. Basta con decirle ‘No hay que hablar de política, hablemos de familia’”. Para el director, esta censura sobre el cine se instaló con los últimos gobiernos. Antes, dijo, el Estado “ejercía una fuerte opresión sobre parte de su población pero a la vez los directores disfrutaban de una total libertad”.
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