5 de abril 2007 - 00:00

Geraldine Chaplin viene al Bafici a poner su voz

Geraldine Chaplin será la voz, en vivo, de la película muda de Guy Maddin «Brand Upon The Brain» en el teatro Coliseo, en el marco del Bafici.
Geraldine Chaplin será la voz, en vivo, de la película muda de Guy Maddin «Brand Upon The Brain» en el teatro Coliseo, en el marco del Bafici.
Siete años después de haber sido jurado en el Festival de Mar del Plata, Geraldine Chaplin vuelve a la Argentina para participar de otro Festival, el Bafici, y en otro papel, el de narradora de la extraña película «Brand Upon the Brain», realizada por un extraño director, Guy Maddin, el mismo que le cortó las piernas a Isabella Rossellini en «La canción más triste del mundo». Las dos únicas funciones serán en el Teatro Coliseo el martes 10 de abril, a las 19.30 y a las 22.

La hija de Charles Chaplin, quien durante los años 70 fue musa inspiradora y mujer del español Carlos Saura, vive actualmente en Miami con su esposo chileno, el artista plástico Patricio Castilla. Desde allí, unos días antes de embarcar, responde al llamado telefónico de este diario:

Periodista: ¿Volvió a la Argentina después de aquel Festival de Mar del Plata?

Geraldine Chaplin: Sí, hace cuatro años, invitada por Daniel Mañas al estreno de su obra sobre Coco Chanel que hizo Esther Goris en teatro. Mar del Plata fue unos años antes, a fines de los 90. Tengo recuerdos muy hermosos de aquel verano. Estuvimos con Sonia Braga, con Catherine Deneuve... Un espléndido festival. Y la ganadora fue una gran película, la portuguesa «Las bodas de Dios», de Joao Cesar Monteiro.

P.: Y ahora viene a narrar una película contemporánea, pero muda...

G.C.: Sí, una película fascinante e inquietante...

P.: Antes de que me hable de ella... algunos deben haber pensado que usted, tal vez, también habrá narrado algunas de las películas mudas de su padre.

G.C.: No, jamás lo hice. Pero es cierto, parece inevitable la asociación. Aunque yo me involucré con esta película de Maddin de una manera completamente azarosa. Me fui de boca y me contrataron.

P.: ¿Cómo fue eso?

G.C.:
Los textos que escribió Maddin para esta película estaban destinados a que los leyera su amiga y colaboradora Isabella Rossellini, con quien hizo más de una película, incluyendo una rara biografía del padre de ella, Roberto Rossellini. Pero, estando en el Festival de México, Isabella no pudo hacerlo, y allí aparecí yo de manera fortuita. Me apasionó el film, su estructura, y quise participar. Yo, en ese momento, ni siquiera conocía personalmente a Maddin, pero al ver esta película me di cuenta de que debía ser una persona inusual, salvo su apariencia...

P.: ¿Por qué lo dice?

G.C.:
Me ocurrió una cosa muy graciosa. Maddin también tiene un papel en esta película, en cuyas primeras escenas se ve a un hombre estrafalario que interpreta a un pintor de paredes. Cuando la ví por primera vez, creí que ese era Maddin, y no... Nada que ver cuando lo conocí en persona.

P.: ¿Qué parece?

G.C.:
Un banquero.

P.: ¿Es verdad que una de las grandes frustraciones de Maddin fue no haber llegado a filmar una película con la cineasta nazi Leni Riefenstahl?

G.C.: Eso no lo sabía. No lo conozco demasiado.

P.: Bien, cuénteme algo de «Brand Upon The Brain».

G.C.: Pues bien, más que una película es todo un espectáculo. Hay una película, muda pero con subtítulos, una orquesta en vivo de once instrumentos, un cantante, una narradora, que vengo a ser yo, y un grupo de personas que producen sonidos y ruidos de toda naturaleza. Por ejemplo, para la escena en la que el protagonista absorbe el jugo cerebral de los muertos para trasfundírselo a una mujer, las personas que hacen esos ruidos mascan apio. El efecto es muy fuerte.

P.: Ah bien... ¿El resto del film transcurre por esos caminos? ¿Es una película argumental o de puras sensaciones?

G.C.: Tiene un argumento, claro que lo tiene, un argumento muy fuerte. Básicamente, es la historia de un hombre que regresa a su lugar natal, un faro, donde su padre y su madre tuvieron un orfelinato. Hay ambigüedad sexual en los personajes, hay canibalismo...

P.: Un Maddin puro...

G.C.:
Sí, extremado.

P.: Entiendo que usted llegará antes para ensayar.

G.C.:
Así es, estoy llegando el domingo a Buenos Aires, y todo el lunes quiero hacer los ensayos.

P.: ¿Es la primera vez que lo interpreta?

G.C.: No, pero preferiría no acordarme de la única vez que lo hice...

P.: ¿Se puede saber por qué?

G.C.: Fue en México, aquella vez en inglés porque la película aún no tenía preparados los intertítulos en español. Y ocurrió un accidente: en un momento, se produjo un fuertísimo ruido de acople, de esos que a veces ocurren en los recitales de rock cuando el equipo de sonido está mal calibrado... ¡y explotó el micrófono en el que yo estaba narrando! Literalmente, explotó. Me llevé el susto de mi vida, y obviamente hubo que suspender el espectáculo. Recuerdo que los diarios, al día siguiente, no pudieron dejar de hacer el chiste forzoso: «La hija de Chaplin se quedó muda en escena». Cada vez que me acuerdo me da un escalofrío. Así que esta vez cruzo los dedos para que todo salga bien.

P.: Pero, cuando ocurrió eso, ¿no hubo nadie en el público que pensara en algún efecto expresamente pedido por el señor Maddin?

G.C.: Le puedo asegurar que no... mi cara lo decía todo.

Entrevista de Marcelo Zapata

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