30 de diciembre 2002 - 00:00
Goity y Dayub estrenan en la costa y en Buenos Aires
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Periodista: ¿Qué puede anticipar de la obra?
Gabriel Goity: Esta segunda obra de Dayub va a dar que hablar, porque ofrece una pintura de los argentinos muy reconocible. No somos un pueblo serio, somos inclasificables y estamos llenos de contradicciones. Sufrimos, pero lo que nos sucede a veces causa gracia. Armando Discépolo lo ha mostrado mejor que nadie con su grotesco y creo que nosotros seguimos esa línea, porque la obra combina el humor con el drama. No apunta al chiste sino a situaciones que te hacen reír y pensar al mismo tiempo.
P.: ¿Por ejemplo?
P.: ¿Qué los decidió a inaugurar esta sala?
G. G.: Pensamos que no era un espectáculo para una sala clásica. Teníamos ganas de armar algo tipo café concert y nos pareció que Palermo Hollywood era el lugar ideal por la movida que tiene. Es un barrio donde la gente se reúne a comer o a tomar algo y después puede venir a nuestra sala a ver un muy buen espectaculo de teatro.
P.: Vale decir que, a diferencia de otros teatristas independientes que dicen sólo pensar en el arte, ustedes también apuestan a lograr un buen negocio.
G.G.: No lo pensamos como un negocio, fue una necesidad planteada por el mismo espectáculo, pero desde luego hicimos todo lo posible para que nos vaya bien. En lugar de ofrecer nuestro espectáculo a los productores tradicionales esta vez preferimos correr nuestro propio riesgo.
P.: ¿Y después de este estreno que tipo de programación tienen pensada para sostener la sala?
G.G.: No. La programación es nuestro espectáculo, con él pensamos sostener el lugar porque le tenemos fe y si todo sale bien no va a ser necesario que venga nadie. Yo no tengo ganas de programar una sala de teatro ¡Es un plomazo! Y después... no sé, puede cambiar el gobierno y prenderse fuego el país. Vivimos en un país en que siempre se complica todo y si me pongo a analizar el panorama desde lo racional, veo que todo es una locura y no estreno nada, pero antes que poner mi dinero en un plazo fijo y que después venga un ministro de economía y me lo robe, preferí encarar este proyecto. Es algo que no tiene precio, aunque nuestra contadora opina que es una locura. Pero le contesté que si yo pensara como ella no sería actor, habría estudiado para contador.



