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4 de mayo 2020 - 00:00

Goldy, el adiós a una leyenda

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Silvia Legrand. La melliza de Mirtha murió el pasado viernes.

Cuando las mellizas Legrand eran unas chiquilinas, la gente se agolpaba en la calle Corrientes para verlas haciendo un programa de radio. Cuando Silvia, de apenas 17 años, se casó, las chicas se trepaban a las rejas de la Iglesia del Salvador para verla vestida de novia, del brazo con el joven subteniente Eduardo Lópina (que con el tiempo llegaría a teniente coronel), con quien viviría 61 años, nada menos. Con él tuvo dos hijas que le dieron multitud de nietos, bisnietos y parientes políticos. Y por dondequiera que iba, a lo largo de toda su vida, los viejos espectadores la reconocían y saludaban, sucesivas generaciones de artistas la amaban, familiares y amigas, la rodeaban. Ironías del destino: este sábado solo pudieron despedirla el yerno y su nieto más grande.

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Quizá dentro de unos meses dejen a Mirtha llevarle unas flores. Juntas, siendo niñas, ganaron aquel concurso cuyo premio consistía en aparecer en una comedia de Niní Marshall. Juntas las hizo brillar Luis César Amadori en la estupenda “Soñar no cuesta nada” y en “Claro de luna”. Después, aunque siguieron siendo unidas, recién volvieron a actuar juntas cuando, ya grandes, hicieron “Bajo un mismo rostro”, dramón decimonónico, y “Carola y Carolina”, graciosa serie de mujeres detectives. Mirtha, con más chispa y mejor manejada, hizo más carrera. Pero Silvia estaba encantadora en “El tercer beso”, de Amadori, “El juego del amor y del azar” según Torres Ríos, y también “Siete mujeres” y “Su hermana menor”. Lamentablemente no queda nada de lo que hizo en televisión junto a Narciso Ibáñez Menta, Alberto Migré, José María Langlais ni Osvaldo Dragún. Y ya tampoco nos queda su presencia.

Paraná Sendrós

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