7 de mayo 2008 - 00:00

Gris concierto de la Estable

Orquesta Estable del Teatro Colón. Dir.: C. Vieu. Solista: P. Sebastiani. Obras de Beethoven, Tchaikovsky y Dvorák. Coro Estable. Dir.: S. Caputo. (Auditorio de Belgrano.)

La Orquesta Estable del Teatro Colón se unió al Coro Estable de la institución para tres conciertos fuera de sede. El programa abrió con una pobre conjunción de ambos organismos de la «Fantasía coral» para piano, coro y orquesta en Do menor, Op. 80, de Beethoven. Debería haberse elegido una creación más comprometida que esta suerte de ensayo beethoveniano para la concreción del último movimiento de su Sinfonía N° 9, «Coral». Obra sumamente breve donde el piano solista es el que centraliza la atención del oyente, la masa coral cantó menos de cinco minutos. Aún así la Fantasía es una bella partitura que tuvo como solista a una pianista de larga y brillante trayectoria como Pía Sebastiani.

La Obertura-fantasía « Romeo y Julieta», de Tchaikovsky y la Sinfonía N° 9, en Mi menor, Op. 95 «Del nuevo mundo», de Antonín Dvorák completaron la velada, que no se caracterizó por la inquietud ni por la audacia. El archiconocido repertorio, valioso por cierto, pero insistentemente tocado y en ocasiones por orquestas internacionales de gran mérito, no fue lo más conveniente para captar nuevos públicos en esta etapa de actuaciones fuera de la sala del teatro.

Los resultados del concierto no fueron más que aceptables. Visiblemente la orquesta necesita más ensayos y en lugares adecuados. Aquí se notó una preparación apresurada, donde el refinamiento orquestal y los matices brillaron por su ausencia. Eso sí, todo se oyó muy potente, gracias al estilo aguerrido de Carlos Vieu, pero sin ninguna sutileza.

Los momentos difíciles que vive el Teatro Colón está resintiendo la calidad de sus conjuntos estables; este concierto es una prueba contundente.

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