6 de noviembre 2002 - 00:00

Guerra: "Nos aplauden algo más que unos buenos saltos"

Maximiliano Guerra
Maximiliano Guerra
Durante este año, Maximiliano Guerra recorrió casi toda la Argentina con su espectáculo «Con gloria morir». Con la excepción de tres provincias y el proyecto de visitar en días más Tierra del Fuego, el Ballet del Mercosur que él dirige y donde actúa como estrella principal bailó el puñado de obras que componen el recital, con la consigna de hacer conocer su arte a los públicos más disímiles y, en ocasiones, con intenciones benéficas.
Con la misma motivación, conjunto y director se presentaron en dos oportunidades durante esta temporada en el Teatro Colón. Aun resta numeroso público ver la selección de obras que incluye obras del coreógrafo italiano
Mauro Bigonzetti, del brasileño Tíndaro Silvano, de la chilena Hilda Riveros y de los argentinos Susana Szperling, Miguel Robles y Oscar Araiz, por lo que Guerra preparó una serie de representaciones a partir de mañana en el Teatro Broadway, uno de los espacios teatrales de Alejandro Romay en la calle Corrientes.

Dialogamos con el bailarín:

Periodista: ¿Cuáles son las bases de su espectáculo?

Mañximiliano Guerra:
Muchas cosas distintas. Combina, con color, folklore argentino estilizado, ballet clásico, neoclásico, cómico, y tiene una obras maravillosa de Miguel Robles («Fratres») y fundamentalmente «Con gloria morir», una obra que ya hicimos hace algún tiempo con coreografía de Oscar Araiz sobre música de Charly García, que cuenta por medio de imágenes y simbolismos la historia argentina desde distintas miradas, la de los jóvenes, la de los amantes, la de un grupo de adolescentes con un Himno Nacional cantado por García que nos cuenta un poco las cosas que nos pasan. Nos tomamos de ahí para decir, bueno, seguimos siendo argentinos, tenemos una bandera que nos habla de identidad, un Himno que cantamos habitualmente en los actos y en las escuelas, pero que muy pocas veces nos detenemos a pensar lo que dice. Pero también la gente viene a divertirse, a pasar un momento agradable y del cual se va contenta y agradecida, se lleva una fotografía en la memoria que le habla de ella misma.

•Foco

P.: ¿Qué piensa de los artistas que dejan el país?

M.G.:
Antes de hacerlo hay que reflexionar un poco. Preguntarnos por qué tenemos 50 niños que mueren al día por desnutrición cuando en el país se tiran semillas en una maceta y crecen plantas. Pertenecemos a una cultura desenfocada, que sólo mira hacia Estados Unidos y Europa como si allí estuvieran nuestras raíces. Tenemos un país de grandes posibilidades que se nos está escapando de las manos.

P.: ¿Cuál es su actividad como Embajador de la Paz con que lo nombró la UNESCO?


M.G.: La misión principal es seguir buscando, a través de mis espectáculos, ser solidario, ayudar a la gente y tener siempre esa actitud de nosotros mismos hacia la comunidad. Es una obligación que tengo como artista. También generar en mis bailarines actitudes similares, que tengan conciencia de que viven de un trabajo que les proporciona la gente y hacia ella es donde deber mirar.

•Catarsis

P.: ¿Siente que los aplausos en el segumento final, cuando salen con la bandera, son también una especie de catarsis política del público?

M.G.:
Siempre pongo como ejemplo los recitales de rock. Los jóvenes en los recitales cantan mucho pero no porque el cantante busque que lo hagan, sino porque lo que está diciendo es lo que ellos quieren decir. Al sentirse identificado el público con lo que ve sobre el escenario se produce el efecto catártico. En las giras me han gritado «Que se vayan todos» en un silencio del Himno, o «Gracias por no dejarnos caer». Es una explosión de alegría que les produce lo que ven.

P.: ¿Usted también le ha puesto fecha a su retiro?


M.G.:
No. Ocurrirá cuando la vida me demuestre que tengo que dejar de bailar.

P.: ¿Y después de eso?

M.G.:
También veré qué debo seguir haciendo. Yo calculo, por cómo se va dando todo, que seguiré dirigiendo la compañía, que continuaré enseñando, algo que me gusta mucho, y los resultados me indican que voy por buen camino. Creo que puedo disfrutar de todo lo que hice. Pero todo me sigue sorprendiendo en la misma escala que siempre, como ahora que John Neumeier vaya a montar dos ballets en la Scala de Milán y lo primero que haga es preguntarme si yo estoy dispuesto a bailarlos.

P.: De modo que ese es uno de sus proyectos inmediatos.

M.G.: Cuando termine con la gira me voy a la Scala a bailar el 19 de diciembre para conmemorar los diez años de la muerte de Rudolf Nureyev. En enero me quedo en Milán preparando el programa Neumeier-Béjart, con Silvie Guillem. En marzo y abril hacemos una gala con pas de deux en una gira por Italia, España y, posiblemente, Japón en octubre y diciembre, y después vuelvo para una gira en junio con el Ballet del Mercosur por Brasil, y preparé el nuevo programa para la temporada 2003. Acabo de pasar por La Habana donde bailé «Arms», que lo hago en «Con gloria morir», y para 2004 tengo la reposición de «Don Quijote» en mi versión coreográfica para el Ballet de Toulouse.

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