La alemana que quiere esparcir las cenizas de su padre
en un pueblo costero, y se encuentra con el
pasado chileno en clave metafórica, según el terrible argumento
de «Horcón al sur».
«Horcón al sur de ninguna parte» (Chile, 2005, habl. en español y alemán). Dir.: R. Gonçalves. Guión: R. Gonçalves, R. Spotorno, P. Torres. Int.: J. Beehold, A. Castillo, J.P. Sáez, P. Branbilla, F. Soto.
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El asesino es el enano. A diferencia de otras viejas historias, donde el asesino es el mayordomo, en esta película el asesino es el enano. Que trabaja de conserje. No lo decimos para arruinar la sorpresa, porque apenas aparece ya le vemos cara de enano asesino. Lo decimos como un favor al público, así uno puede irse antes del final. O a la mitad. O a los diez minutos, en fin, hasta donde llegue su paciencia.
El comienzo es interesante, con atractivos encuadres de hermosa fotografía negativo color copiado en blanco y negro. Una joven alemana viaja, a disgusto, a un pueblito costero de Chile, envuelto en viento y brumas, entre el mar rumoroso y las sierras, un pueblucho de calles solitarias, viejas casas de madera carcomida, caracoles en el lavatorio y la bañera del hotel vacío, etc. Hay algo desagradable en el ambiente, y a poco de llegar la mujer decide irse. Pero justo a la salida del pueblo decide quedarse. Ahí se da la primera opción. Que nadie diga que no le avisamos.
Fotográficamente, sólo se sumarán unas lindas tomas de un barco abandonado y unos cormoranes alzando vuelo. La música está bien, la hizo Jorge Arriaga, hombre de buena trayectoria, pero no compensa los recitados de los malos actores que rodean a la alemana (encima hay uno que habla, y habla, y habla). Y el argumento es terrible, de esos que se desbarrancan a cada escena, pretendiendo en este caso brindarnos un encuentro con el pasado chileno en clave metafórica, lo cual incluye recuerdos en colores, alusiones a la represión sexual como símbolo de represión política, la incomodidad de los «retornados» que no hallan su lugar, una fiesta de gays con una torta que dice «Feliz cumpleaños / 11 de setiembre de 1973», y entre otras cosas, un jeep de enanos fascistas. Que no son precisamente simpáticos, como los uniformados de «El tambor», pero tampoco impresionan como los sangrientos enanos con lanzallamas de «El agujero en la pared» (valorable metáfora argentina de David J. Kohon estrenada en pleno 1982). Rara y de un simbolismo más ingenuo que incisivo, «Horcón al sur...» fue hecha por el pintor, viajero y documentalista Rodrigo Gonçálves, él mismo un retornado. Se aprecian el sentido plástico, la creatividad, y la soltura, pero el argumento es desastroso. Consuelo para voyeurs, la alemana se quita la ropa un par de veces, y hay también, en la sección recuerdos, una chica regalando alegrías a la vista de todos. Pero son unos pocos segundos, frente a la larga e incómoda escena de un gordo travestido de Marilyn Monroe, cantando varios clásicos completos de Hollywood en el antedicho cumpleaños. La vida es dura, y afuera sopla el viento.