Franklin Caicedo se lo conoce ante todo como actor de teatro, cine y televisión. Muchos menos recuerdan, en cambio, que Caicedo es un fanático del tango y que ya varias veces se le ha animado al género musical rioplatense, sólo con el respaldo de un instrumento -como sucede en su nueva propuesta-o integrando algún espectáculo más numeroso.
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En lo formal, lo de «Tengo tantos tangos» es muy sencillo. Hay un pianista (Sioma Winter) que habla desde su taburete, presenta a temas y auto-res e introduce de ese modo cada pieza . Y hay un actor-cantante que interpreta obras más o menos conocidas, todas tradicionales del género. Sin embargo, no se trata de un recital convencional, porque la manera en la que Caisedo interpreta los tangos no tiene comparación ni con cantantes ni con actores anteriores: canta con absoluta prolijidad, afina cada nota, respeta cada giro melódico, pero, simultáneamente, «actúa» cada palabra, gesticula cada situación dramática contenida en las piezas elegidas, se alegra o se desgarra con los protagonistas de cada tema.
Cuesta entonces quedarse con algún momento especial del espectáculo; porque prácticamente no existe una sola interpretación fallida, de «Pasional» a «Un infierno», de «Bailemos» a «Naranjo en flor», del vals «Tu pálida voz» a «Y todavía te quiero». Aunque, por su excelencia, se destacan las interpretaciones de «Tomo y obligo», «La abandoné y no sabía», «María» o «Garúa»; verdaderos monólogos teatrales-musicales. Sioma Winter es un buen compañero para el juego escénico del protagonista, aunque su pianismo tanguero no está a la altura del actor-cantante; y son excesivamente largas sus introducciones habladas entre pieza y pieza. R.S.
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