20 de junio 2001 - 00:00

"Hablar así me hacía acordar a Olmedo"

Ulises Dumont
Ulises Dumont
Se estrena mañana "Rosarigasinos", la comedia de Rodrigo Grande con Ulises Dumont y Federico Luppi, por la cual ambos compartieron el premio al mejor actor en el último Festival Internacional de Mar del Plata. Es la sexta película que reúne a los mismos intérpretes, la primera donde también actúan sus respectivos hijos, y la tercera donde Dumont hace de bandoneonista... con el instrumento pinchado.

Ulises Dumont:
Mi personaje ya estaba de algún modo en un corto de Rodrigo Grande, «Juntos en any way», donde había un cantor de cuarta y su acompañante al fueye, que era yo. Pero se trataba de una historia de padre e hijo. En cambio «Rosarigasinos» tiene otro concepto, es un grotesco muy particular.

Periodista: ¿Cómo? ¿No es una comedia policial?


U.D.:
Ahí está lo particular. Es una comedia costumbrista, con brochazos de grotesco a la italiana, sobre dos tipos que salen de la cárcel luchando por recobrar un dinero. Y también es una especie de Don Quijote y Sancho Panza, o de Butch Cassidy con Sundance Kid, porque hay unos cuantos tiros.

P.: Y usted toca el bandoneón.


U.D.:
¡No! Lo que pasa es que con ésta ya van tres películas donde toco el bandoneón. Otra fue «Sus ojos se cerraron», donde además mi personaje ya quería convertirse en solista. Pero en todos esos casos, sólo hice como que movía las manos según me enseñaron, pero el instrumento estaba pinchado. No salía ningún sonido.

P.: ¿Y tampoco aprendió a hablar en rosarigasino?


U.D.:
Esa jerga medio carcelaria del gaso ya la tenía, desde hace unos treinta años, cuando el negro Alberto Olmedo la importó de Rosario, y varios de nosotros -como Javier Portales, Aldo Barbero, y otros colegas que ya no están-la aprendimos, para jugar un poco. Así que no tuve gran dificultad para retomarla. Además, me trae lindos recuerdos, de amigos que se han ido. Es un lindo título, ¿no?, «Rosarigasinos». Muy atractivo. La gente se detiene a leerlo, y se pregunta qué será eso.

P.: ¿Es cierto que durante el rodaje fueron amenazados por barras bravas de Newell's Old Boys?


U.D.:
Es cierto, porque justo estábamos interpretando a dos canallas (es decir, gente de Rosario Central) en una actitud, digamos, irrespetuosa con las paredes de Newell's. Fue una cosa muy amenazadora, que ya forma parte del anecdotario de la película, pero provenía mayormente de dos individuos: uno muy chiquitito, y otro muy grandote. Muy grandote. No es gen te con la que uno suele encontrarse. Sigo a Racing, pero nunca voy a la cancha. Fui una vez, hace años, pero no me gusta lo que pasa en las canchas. Lo de ahora es para el horror, aunque ahora hay tantos horrores que uno cada vez se espanta menos. Aquel episodio bastó para desnudar, como un certificado, mi actitud nada comprometida, y la actitud dialogante de Federico, tratando de explicar que lo nuestro era sólo ficción.

P.: A propósito, ésta ya es la sexta película que hacen juntos, ¿verdad?


U.D.:
Puede ser, veamos: «Tiempo de revancha», «Ultimos días de la víctima», «No habrá más penas ni olvido», «El año del conejo», «Sin opción»... Podría decirse que nos entendemos bien, porque coincidimos en edad, en formación, aunque la idea de juntarnos siempre fue de otros.

P.: Pero ahora también se juntaron sus respectivos hijos.


U.D.:
Esa sí fue una idea del director, y mía, porque los muchachos son muy parecidos a como éramos nosotros a los treinta años. Enrique, mi hijo, es muy parecido a mí. Tengo documentos para demostrarlo. Y Gustavo Luppi es bien parecido al padre cuando era joven.

P.: Ya que lo menciona, ahora usted es un favorito de los directores jóvenes. Está en varias.


U.D.:
Bueno, por ahí vienen las propuestas. Los actores argentinos trabajamos donde sale el trabajo. A mí me tocan las operas primas. Pero me gusta, son gente de cine, y a varios los conozco desde sus comienzos, como a Rodrigo Grande. También era debutante Adolfo Aristarain cuando hicimos «La parte del león», y ahora es el productor asociado de «Rosarigasinos» junto a José Martínez Suárez.

P.: Ultima pregunta: ¿cuál fue realmente su primera aparición en cine?


U.D.: Creo que «Viaje de una noche de verano», de 1964, pero como bailarín. Yo era actor, había debutado en 1963 en el teatro Caminito, pero trabajaba en un ballet. Por entonces, cada canal tenía un ballet, y además en cada ballet hay un bailarínmimo. Ese era mi papel. Me divertía muchísimo y ganaba un buen sueldo. Así entré a la televisión, y, de paso, al cine. Mucho después, haciendo «Discepoliana», volví a reencontrarme con aquellos compañeros de danza. Para entonces, ya estaba en otra clase de bailes.

Dejá tu comentario

Te puede interesar