5 de marzo 2004 - 00:00

"Hacemos grotesco, pero sin caer en el mal gusto"

Ballet con humor..
"Ballet con humor.."
Un príncipe y una princesa, un palacio barroco donde se desarrolla su historia de amor, música de Tchaikovsky y todos los elementos ornamentales que rodean al mundo del ballet están dispuestos en el escenario del Teatro Margarita Xirgu. En un solo detalle la puesta difiere de las acostumbradas en el Colón o en el Argentino de La Plata: todos los bailarines son hombres. De aquí parte el postulado básico de «Ballet con humor», compañía cómica que presentará desde hoy en ese teatro algunas producciones de su repertorio, y estrenará una obra de gran aliento: «El lago de los cisnes (III acto) la gran fiesta». Dialogamos con Adrián Dellabora y Claudio González, creadores de «Ballet con humor», que esta formado en esta ocasión por bailarines del Colón y el teatro Argentino de La Plata (entre ellos, uno de sus primeros bailarines, el ruso Víctor Filimonov, que baila como él mismo).

Periodista: ¿Cuál es el procedimiento creativo de las obras?

Claudio González: Las coreografíaslas inventamos entrenosotros siempre teniendo en cuenta el repertorio balletístico internacional ( creaciones de Petipa, Balanchine o Arthur Saint-León, entre otros). Aunque siempre nos volcamos más a lo teatral que a lo dancístico, por supuesto están las dos cosas. Lo que hacemos es una gran mezcla de estilos tratando siempre de llamar la atención con el absurdo de las situaciones.


P.:
¿Cómo definirían el tipo de humor que cultivan?

Adrián Dellabora: Entre naif y absurdo. Creo que entre esos dos términos está la efectividad de nuestra compañía. Está un poco en la dirección de lo que hacía Niní Marshall o Groucho Marx. El hecho de que seamos todos hombres, y algunos hagamos de mujeres justifica, esta definición para el estilo del grupo, que no siempre tiene la misma cantidad de integrantes. Estos dependen de las necesidades de las obra.


P.:
¿Y cómo convencen a los bailarines de participar?

A.D.: Y... no es fácil muchas veces convencer a bailarines clásicos que dejen prejuicios de lado y se conviertan por unas horas en «bailarinas», a veces, auténticas divas del ballet. Pero una vez acostumbrados asimilan los códigos y ya no sufren. Se divierten y además aportan un trabajo muy profesional. Esto hace que todo sea visto de otra manera.


P.:
¿No hay peligro de caer en una comicidad muy para la élite de balletomanos?

A.D.: No, porque partimos de un clásico que la gente conoce mucho como es el Pas de deux de «Don Quijote» que se ha visto infinidad de veces bailado por Julio Bocca o Maximiliano Guerra. A partir de ese momento la gente comprende los códigos de nuestra actuación. La idea es siempre ser atractivos para el público, con una buena estética.


C.G.: Por ejemplo el año pasado hicimos un espectáculo infantil y nuestra preocupación era atraer a los chicos sin que nuestra actuación travestidafuera para nada ofensiva o inconveniente. Cuando lo hacemos para adultos tampoco nos gusta caer en la grosería o la nota de mal gusto. Nos importa también que se note en nuestra interpretación, digamos imperfecta, que somos hombres bailando como mujeres y por eso exageramos el maquillaje y lo grotesco de algunas imágenes.


P.:
¿Los ballets Trokadero de Montecarlo que vinieron a Buenos Aires unos años atrás son un referente para ustedes?

A.D.: Sí, por supuesto. Un poco a la manera de ellos creamos «Ballet con humor».


P.:
¿Cómo responde el público?

A.D.: Muy bien. Aparte de la satisfacción artística, todos somos bailarines y no vivimos de otra cosa que de esto. Luego de diez años de historia «Ballet con humor» comienza a recoger frutos de su trabajo. Creemos que era hora de que así fuera.»


Entrevista de Eduardo Vincent

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