La última versión de «Poseidón» (2006) fue un fiasco, y eso
le costó al director Wolfgang Petersen no conseguir trabajo
desde entonces.
Los Angeles (Especial) - La caída de público en las salas (fenómeno mundial que, según estadísticas recientes, alcanzó también a la Argentina con 1,5 millón de espectadores menos que en 2007 en el primer semestre del año) no es lo único que hoy aflige a la pantalla internacional.
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En Hollywood, que a principios de año soportó una dura huelga de guionistas y ahora enfrenta una de actores, la situación se torna día a día más grave. La producción como tal, y particularmente los compromisos de producción a futuro (que involucran a productores, directores, guionistas y en algunos casos también a intérpretes) se redujeron, según cifras publicadas el fin de semana por el medio especializado «Variety», 40% en los últimos diez años, aunque en el último ejercicio la caída fue más pronunciada.
La feroz huelga de guionistas, en muchos casos, fue el pretexto ideal para que varios estudios cancelaran proyectos a futuro ya pactados. Salvo los proyectos más redituables de antemano, o aquellos en los que un estudio en particular puede confiar, muchos otros fueron disueltos. Siempre según las cifras de «Variety», en los últimos tres años se cayeron 50 acuerdos de producción. Marshall Herskovitz. presidente de la Cámara de Productores de los EE.UU., manifestó recientemente: «Es un momento muy difícil para todos. No me avergüenza usar a mi propia compañía como ejemplo.» Bedford Falls, la empresa en cuestión, acaba de dar por terminados por ejemplo sus acuerdos con Warner Bros. «No se trata de una apreciación personal», agregó. «La decadencia creativa es innegable en la industria del cine, y en mi condición de presidente de la cámara de productores eso me preocupa mucho.»
Los grandes estudios, a la luz de esta crisis, están dejando de contratar productores para sus películas, y se conforman con mantener a aquellos de primera línea (Scott Rudin, John Davis, Jerry Bruckheimer, Brian Grazer, por ejemplo) con más de un éxito comercial a sus espaldas. En cambio, los que ocupan un rango medio, y que en otros tiempos encontraban trabajo en los abundantes lotes de films de las compañías más poderosas, hoy tienen que cambiar de rubro o directamente de profesión. Ya no es habitual, tampoco, que un estudio mantenga una oficina de «desarrollo de proyectos».
Algunos ejecutivos de estas compañías major, sin embargo, le restaron dramatismo a la situación. «Compramos a diario proyectos a los productores. Lo que ya no hacemos es asumir los gastos totales de la producción», dijo a «Variety» un directivo top de uno de esos estudios. La futura separación de Paramount y Dreamworks, y la absorción de New Line por parte de Warner, según los analistas, profundizará la crisis.
Algunos directoresproductores que rara vez, en el pasado, estaban sin trabajo a futuro, hoy se encuentran inactivos y sin proyectos, en especial aquellos que cargan sobre sí fracasosde taquilla de películas sobrelas que se tenían muchas expectativas. Los casos más notables son los del alemán Wolfgang Petersen, que se convirtió en el niño mimado de Hollywood después de «El barco», pero cuyo resonante fiasco «Poseidón», remake del exitoso film-catástrofe de los '70, le provocó que casi nadie le responda hoy el teléfono; Frank Darabont, responsable de un fiasco que también era un remake («La niebla»), pese a haber hecho «Milagros inesperados» y «Sueños de libertad», y -el caso más notable- Chris Columbus, creador de «Mi pobre angelito» y director de dos películas de la saga de «Harry Potter», que arruinó a sus productores con un enorme fiasco reciente, la versión cinematográfica del musical de Broadway «Rent».
El productor antes aludido más arriba manifestó: «Estamos trabajando con más presión que nunca ya que ahora también dependemos del control de nuestros asociados corporativos. De modo que cualquiera que, antes de embarcarse en una nueva producción, pueda ahorrarse cinco millones de dólares, recortándolos de donde sea, lo hará».
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