26 de mayo 2004 - 00:00
"Hoy hay pocas referencias de autoridad o sabiduría"
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Para Hanif Kureishi muchos artistas hoy se preocupan por el cuerpo y descuidan sus ideas.
Periodista: En «El cuerpo» cuenta de un escritor sexagenario cuyo cerebro es trasplantado al cuerpo de un joven adonis de veinticinco años...
Hanif Kureishi: Partí de la idea de que a cierta edad el cuerpo ya no responde a los deseos ni a las inquietudes de la mente. Me planteé qué sucedería si uno pudiera meterse en un cuerpo joven, algo, por otra parte, cada vez más real. Hace un año, mientras leía «Frankenstein» y trabajaba en una adaptación de «El retrato de Dorian Gray» surgió la idea de la creación de un nuevo ser humano, un viejo en un cuerpo joven. Era la excusa para desarrollar temas más serios: la identidad, la edad, la muerte, el sentido de la vida. Me intriga la clonación, la forma en que la gente podrá regenerar, a su gusto, su cuerpo. Si hubiera esa posibilidad, la gente compraría nuevos cuerpos. Sería una nueva forma de diferenciación social; la gente con cuerpos sanos y la que no tuviera esos privilegios. Comprar un nuevo cuerpo como un nuevo Ferrari: ello cambiaría la esencia de la naturaleza humana.
P.: Su protagonista lo hace, y parece que se arrepiente.
H.K.: Como Fausto. El final es una meditación satírica de nuestra sociedad obsesionada con la juventud y la búsqueda de placer. La eterna juventud no me haría saltar de júbilo. Comienzo a disfrutar de ciertos privilegios de la edad: la vida acogedora de la familia, la amabilidad de una mujer con ciertas arrugas.Y algo tiene de cierto eso de que uno es tan joven como se siente...
P.: ¿La gente se interesa más en el cuerpo que en las ideas?
H.K.: En el arte se refleja magníficamente. Muchos artistas hoy centran su preocupación en el cuerpo y sus necesidades, y descuidan sus ideas.
H.K.: Sí, en la medida que considero la creatividad como estado supremo, pero uno puede y debe ser creativo no sólo como pintor o escritor. Lo que más aprecio de nuestra existencia es vivirla con creatividad.En nuestra época quedanmuy pocas referencias de autoridad o sabiduría; figuras como el sacerdote, el gurú o el político están obsoletas.
P.: ¿Por eso ensalza el poder de la imaginación?
H.K.: Es la única manera de vivir en este mundo, aunque también es una forma de sabotear los propios deseos.
P.: Tiene fama de rebelde...
H.K.: Solía ser salvaje. Ahora soy un burgués que sueña por las mañanas. No me sentía más feliz que ahora cuando hacía lo que quería.
H.K.: Contar historias de cómo vivimos, de la clase de gente que somos, de los valores en que creemos. La vida debe ser pensada una y otra vez. Shakespeare no tuvo la última palabra. La responsabilidad del escritor es traicionar a la sociedad de la que ha salido, dejar su comunidad y reflexionar aislado.
P.: Otro de sus temas es la relación entre hombres y mujeres.
H.K.: Me gusta la idea de que entre hombres y mujeres existe un abismo. Para mí, la mujer es un misterio. Si hablo con un hombre, entiendo todo. Sin embargo, en una mujer siempre deseo saber qué hay en su mente, cómo es su vida. En la mujer me atrae la curiosidad de la incomprensión, del misterio. Los hombres nos preguntamos constantemente qué quieren las mujeres.
P.: Su obra es acentuadamente autobiográfica. Con « Intimidad» le critican ir demasiado lejos al contar el derrumbamiento de su matrimonio.
H.K.: No era más autobiográfica que mis anteriores libros, aunque está escrita en forma de confesión. La gente dio por sentado que era yo escribiendo y me alegra; sin embargo un libro, esté escrito en primera o tercera persona, es siempre una construcción artificial. Con «Intimidad» quería escribir sobre el coraje de la separación o del abandono, el trauma del amor, de la pérdida, de qué hacer cuando ya no es posible vivir con la otra persona. Escribir es hablar y esperar que los demás estén interesados en lo que se dice, que su vida sea quizás como la tuya. Si se habla desde el corazón la gente responde; de lo contrario, no habría literatura.
P.: ¿Qué le pareció la versión cinematográfica que Patrice Chereau realizó de su novela «Intimidad»?
H.K.: Le dí el libro a Chereau y le dije: «haz una película». Es un film interesante y bello, pero no es mi libro.




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