Graham Robb «Rimbaud» (Barcelona, Tusquets, 2001, 548 págs.)
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A sus biografías de Balzac (1994) y Víctor Hugo (1997), el catedrático inglés Graham Robb suma ahora un atrapante recorrido por la vida del poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891). El autor de «Una temporada en el infierno» e «Iluminaciones» ha sido objeto de culto y fuente de inspiración para muchas generaciones. Tanto los surrealistas como los estudiantes de mayo del 68, los poetas de la beat generation e, incluso, grandes músicos de rock como Jim Morrison, lo tomaron como emblema del artista rebelde que vive según sus propias pautas sin ceder ante ningún tipo de norma social o artística. Su conducta amoral y contestaria y su inesperado alejamiento de la poesía, a los veinte años, para instalarse en Africa, acrecentaron su fama de poeta maldito.
Consciente de que tal mito es indestructible, el biógrafo Graham Robb se abstuvo de juzgar o tomar partido por el poeta, ocupándose de exponer cada episodio de su vida y de su maduración poética con el respaldo de una exhaustiva y escrupulosa investigación. Como investigador, Robb se muestra tan interesado en analizar y difundir la obra de Rimbaud como en disolver su leyenda negra. Quizás por eso los capítulos dedicados al tumultuoso romance -en clave sadomasoquista-que mantuvo con el poeta Paul Verlaine (a la sazón casado y con un hijo) tengan aquí mucho menor peso y virulencia que el que ofrecen otras biografías dedicadas al tema. Robb compara a ambos poetas con una pareja de cómicos, tan salvajes e imprevisibles como Laurel y Hardy y en consecuencia le da muy poca importancia a su posterior ruptura. En cambio, toda la estadía de Rimbaud en Africa resulta muy atractiva, ya que rescata facetas prácticamente desconocidas del poeta, como su interés en estudiar El Corán.
El gran acierto de esta nueva biografía sobre Rimbaud -que, según Robb, se suma a «una media anual de diez libros y ochenta y siete artículos»- es haber construido un equilibrado y complejo retrato de su héroe. Lejos de encandilarse por aquel poeta precoz y demoníaco que se esforzaba por volverse vidente y «alcanzar lo desconocido por medio del desarreglo de todos los sentidos», Robb se propone simplemente «dejarlo crecer». Y así lo muestra como un hombre inteligente e inquieto que nunca dejó de ampliar sus conocimientos (logró dominar varias lenguas africanas, además de geografía, geología y técnicas de marketing y administración). El investigador no se lamenta de que Rimbaud haya abandonado la poesía, prefiere destacar su energía y habilidad para amoldarse a territorios que muy pocos seres humanos se atreverían a transitar.
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