19 de noviembre 2001 - 00:00

Imperdible "Flauta mágica" con talento y pocos gastos

Escena de La Flauta Mágica
Escena de "La Flauta Mágica"
«La flauta mágica», ópera de W. A. Mozart. Con Carlos Manuel Ullán, María Bisso, Mario de Salvo, Alejandro Di Nardo y otros. Regie: Ana D'Ana. Asoc. Prof. Orq. Estable del Teatro Colón; Director: Antonio Russo. (Teatro Avenida, 15/11, org. Juventus Lyrica).

Con la orquesta completa, formada por profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón, acertados y afinados, participaron de esta producción de la ópera de Mozart «La flauta mágica» casi 100 personas, entre cantantes solistas, coreutas y técnicos.

Se trata de un emprendimiento de Juventus Lyrica, entidad enraizada y ahora imprescindible para mantener vigente y pujante el arte lírico, y también plataforma de lanzamiento de tantos artistas jóvenes que encuentran aquí la oportunidad de mostrar sus dotes, consolidar vocaciones y enfrentar esa hora de la verdad que es el escenario, palpar la reacción del público, comprobar si la voz «corre» y tantas cosas más.

La inteligencia de esta puesta en escena se aplica desde el «casting», la distribución de partes según el registro vocal, aspecto físico y dotes, y esta ópera tiene una docena de protagónicos, infinidad de escenas y situaciones. Ahí se pone de manifiesto el protagonismo y la pasión de Ana D'Ana en la manera de unir y armonizar, de aprovechar el espacio y hacer rendir a los jóvenes cantantes.

El resultado es un éxito definitivo, una realización sobresaliente, una visión esperanzadora y puesta en la realidad actual: si no hay un millón de pesos para producción, se suple con un millón de ideas. Y aquí abundan, sobra imaginación y pone en órbita lo esencial de Mozart y Schikanender: la música, el canto y el teatro.

Hay gente valiosa y de promisorio futuro en el elenco. María Bisso como Pamina le agrega a su fresca voz la agradable presencia física; la simpatía desbordante y buen canto de Mario de Salvo como Papageno y la no menos graciosa Papagena de Cecilia Layseca; con algún esfuerzo salió airoso el tenor Carlos Ullán en el difícil papel de Tamino.

Otro descubrimiento: la soprano Soledad de la Rosa, que nunca olvidará la atronadora ovación recibida como Reina de la Noche; la gravedad de Sarastro bien interpretada por Alejandro di Nardo, así como el caricaturesco Monostatos que encarnó Gabriel Centeno. Perfectamente armonizadas vocalmente y actrices de primera son las damas de la Reina, unidas en un mismo vestido (un desafío al movimiento) jugado por Gisela Barok, Lara Mauro y Rosana Bravo. Muy bien las que hicieron de genios, los sacerdotes y el afiatado Coro. La dirección de Antonio Russo estilísticamente pura, a la que respondieron los músicos concentradamente. Excelente la puesta de luces, la aparición de animalitos de «comic» al llamado de la «flauta mágica» a la cual también accede masivamente el público en busca de un placer estético incomparable que será satisfecho. (Nuevas funciones: 22 y 25 de este mes a las 20).

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