«La flauta mágica», ópera de W. A. Mozart. Con Carlos Manuel Ullán, María Bisso, Mario de Salvo, Alejandro Di Nardo y otros. Regie: Ana D'Ana. Asoc. Prof. Orq. Estable del Teatro Colón; Director: Antonio Russo. (Teatro Avenida, 15/11, org. Juventus Lyrica).
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Con la orquesta completa, formada por profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón, acertados y afinados, participaron de esta producción de la ópera de Mozart «La flauta mágica» casi 100 personas, entre cantantes solistas, coreutas y técnicos.
Se trata de un emprendimiento de Juventus Lyrica, entidad enraizada y ahora imprescindible para mantener vigente y pujante el arte lírico, y también plataforma de lanzamiento de tantos artistas jóvenes que encuentran aquí la oportunidad de mostrar sus dotes, consolidar vocaciones y enfrentar esa hora de la verdad que es el escenario, palpar la reacción del público, comprobar si la voz «corre» y tantas cosas más.
La inteligencia de esta puesta en escena se aplica desde el «casting», la distribución de partes según el registro vocal, aspecto físico y dotes, y esta ópera tiene una docena de protagónicos, infinidad de escenas y situaciones. Ahí se pone de manifiesto el protagonismo y la pasión de Ana D'Ana en la manera de unir y armonizar, de aprovechar el espacio y hacer rendir a los jóvenes cantantes.
El resultado es un éxito definitivo, una realización sobresaliente, una visión esperanzadora y puesta en la realidad actual: si no hay un millón de pesos para producción, se suple con un millón de ideas. Y aquí abundan, sobra imaginación y pone en órbita lo esencial de Mozart y Schikanender: la música, el canto y el teatro.
Hay gente valiosa y de promisorio futuro en el elenco. María Bisso como Pamina le agrega a su fresca voz la agradable presencia física; la simpatía desbordante y buen canto de Mario de Salvo como Papageno y la no menos graciosa Papagena de Cecilia Layseca; con algún esfuerzo salió airoso el tenor Carlos Ullán en el difícil papel de Tamino.
Otro descubrimiento: la soprano Soledad de la Rosa, que nunca olvidará la atronadora ovación recibida como Reina de la Noche; la gravedad de Sarastro bien interpretada por Alejandro di Nardo, así como el caricaturesco Monostatos que encarnó Gabriel Centeno. Perfectamente armonizadas vocalmente y actrices de primera son las damas de la Reina, unidas en un mismo vestido (un desafío al movimiento) jugado por Gisela Barok, Lara Mauro y Rosana Bravo. Muy bien las que hicieron de genios, los sacerdotes y el afiatado Coro. La dirección de Antonio Russo estilísticamente pura, a la que respondieron los músicos concentradamente. Excelente la puesta de luces, la aparición de animalitos de «comic» al llamado de la «flauta mágica» a la cual también accede masivamente el público en busca de un placer estético incomparable que será satisfecho. (Nuevas funciones: 22 y 25 de este mes a las 20).
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