Orquesta Estable del Teatro Colón. Dir.: C. Vieu. Obras de Wagner, Puccini, Sibelius y Tchaikovski. ( Auditorio de Belgrano, 15/3).
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Más allá de las controversias que provocó el anuncio de esta temporada del Centenario del Teatro Colón, que se desarrollará en diversos sitios alternativos, la Orquesta Estable comenzó su deambular. El Auditorio de Belgrano fue la plataforma de lanzamiento del primer concierto sinfónico del organismo, que este año no tendrá a la ópera como centro, pero que se abrió con un fragmento operístico.
Paradójicamente, el primer número de la primera parte fue la obertura de «Rienzi», de Richard Wagner, de quien se hubiera escuchado «Tristán e Isolda» en el Coliseo de haberse respetado lo programado por la gestión anterior. Esta parte del concierto se completó con el intermezzo de «Manon Lescaut», de Giacomo Puccini, y el poema sinfónico «Finlandia», de Jean Sibelius. La segunda parte fue ocupada totalmente por la Sinfonía N° 5, en Mi menor, Op. 64, de Tchaikovski, obras todas suficientemente conocidas por el público. El concierto tuvo un claro espíritu «pop», lo que no significa descalificarlo sobre todo si se tiene en cuenta que se está en época de pretemporada.
La dirección correspondió al nuevo titular de la Estable, el maestro Carlos Vieu. Con una interesante carrera en nuestro medio y en el exterior, Vieu estableció un saludable «feeling» con sus dirigidos. Naturalmente, luego de un período de vacaciones y después de haber sufrido el cambio de director titular, además de algunas incertidumbres acerca de su futuro inmediato, la Orquesta consiguió sobreponerse a las debilidades y ofrecer calidad en cada una de las creaciones ofrecidas. De todas formas la relación entre director-instrumentistas recién comienza y pueden augurarse muy buenos resultados para los meses que siguen. Si bien en general el organismo tuvo un adecuado comportamiento, se hubiera preferido una mayor sutileza en el volumen de «Rienzi», con todo su heroísmo romántico y una mayor intensidad emocional en «Lescaut». En cambio, «Filanlandia» se oyó bien y la Quinta de Tchaikovski tuvo una realización muy eficaz, con segmentos realmente brillantes y un trabajo de solistas de las distintas secciones digno de ser destacado.
En el intervalo se despidió a los músicos Carlos Nalli y Néstor Astutti, quienes recibieron diplomas de manos de las autoridades del teatro ya que dejan la orquesta para jubilarse.
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