«South American Way. Carmen Miranda», musical de M.C. Barbosa y M. Falabella. Dir.: M. Falabella. Int.: S. Miranda, S. Ravenlo, A. Barillari, A. Moço, A. Nascimento y elenco. Esc.: R. Lage y M. Lavia. Vest.: C. Tovar. Ilum.: A. De Simoni. Coreog.: R. Vieira. Dir. mus.: J. Carneiro. (Teatro Astral.)
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Uno de los principales méritos de esta simpática comedia musical, inspirada en la vida de Carmen Miranda (1909-1955), es la inteligencia con que los autores María Carmen Barbosa y Miguel Falabella han ligado un atractivo repertorio de canciones -muchas de ellas recreadas en los últimos años por grandes cantantes brasileños como Caetano Veloso y Gal Costa-con diversos episodios que revelan su agitado camino a la fama.
Puede que para las nuevas generaciones Carmen Miranda resulte una desconocida, pero su figura ha sido la de una diva con todas las de la ley. Sin ir más lejos una de las principales escenas de «El beso de la mujer araña» evoca y homenajea una de sus exóticas performances. Ella no sólo difundió la música brasileña por el mundo, sino que se convirtió en una de las estrellas más populares y mejor pagas de Hollywood gracias a su carisma. De todas maneras, aún hoy sorprende la ingenuidad con que asumió su rol de embajadora cultural. El entonces presidente de Brasil, Getulio Vargas, vio en Carmen a una excelente mediadora para afirmar la política de «buena vecindad» decretada entre su país y Estados Unidos; pero la prensa local la acusó de haberse «americanizado», ridiculizó su tropicalismo for export y denostó su falta de criterio al trabajar en films que distorsionaban burdamente la identidad brasileña. Barbosa y Falabella acertaron al desdoblar la imagen de la diva en dos personajes: el de la estrella que triunfó en Hollywood, simpática, tragicómica y siempre al borde de la caricatura interpretada por Stella Miranda y una Carmen más joven y cotidiana, encarnada con gran sensibilidad por Soraya Ravenlo. El triángulo se completa con la presencia recurrente de una gitana que acecha a la protagonista con un anuncio de muerte. Merced a este recurso, la acción perdió linealidad y ganó en sugestión y dinamismo. La idea de cuestionar el mito antes que ceñirse a la biografía de una estrella popular, permitió revelar las contradicciones del personaje y su conmovedora humanidad.
Si bien la danza no figura entre los puntos fuertes de este espectáculo, ya sólo la música y el entusiasta desempeño de todo el elenco, bastan para recrear la atmósfera adecuada. Falabella, creador de «Cómo rellenar un bikini salvaje» y «Nosotras que nos queremos tanto», manejó con muy buen ritmo un material que nunca peca de didáctico o expositivo. Su Carmen Miranda es un abanico de emociones que deja en el espectador la inquietud de conocer más de su vida o, por lo menos, volver a escuchar sus canciones.
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