A diferencia de otros films sobre el mismo tema, el documental
de Juan Pablo Roubió hace especial hincapié en la eficaz
labor de evacuación que permitió salvar a más de tres
cuartas partes de la tripulación del «General Belgrano».
«El Belgrano: una historia de héroes» (Argentina, 2006, habl. en español). Guión y dir.: J.P. Roubió. Documental.
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Se estrena formalmente en el Tita Merello, y se empieza a difundir simultáneamente en los cine-móviles y varios canales del interior, este interesante documental sobre las últimas horas del «General Belgrano» y, en especial, sobre la eficaz labor de evacuación y rescate que permitió salvar a más de las tres cuartas partes de la tripulación en circunstancias atroces.
Como se recordará (¿pero acaso se enseña esto en las escuelas?) el «Belgrano» fue torpedeado por un submarino nuclear inglés casi al anochecer del 2 de mayo de 1982, para colmo en vísperas de una impresionante tormenta polar. El primer torpedo dio de lleno sobre el alojamiento del personal subalterno, levantó la cubierta acorazada de la máquina, y todas las cubiertas superiores, matando en pocos minutos a 300 hombres. El segundo, cortó 15 metros de proa «como si fuera un pan de manteca», dejando unos bordes filosos donde varias balsas, empujadas por el oleaje, se terminaron pinchando. Un tercer torpedo, por suerte, siguió de largo gracias a una inmediata maniobra del barco. Ya hay dos documentales sobre este hecho: el incisivo «¡Hundan al Belgrano!», de Francisco Urioste, centrado en aspectos de estrategia y geopolítica, y el emotivo «Los chicos del Belgrano», de Miguel Pereira, sobre los soldaditos jujeños que salieron por primera vez de su provincia, conocieron el mar, y, en algunos casos, volvieron para contarlo (asunto también mencionado en su bellísimo «La deuda interna»). Pero «El Belgrano» destaca otros dos aspectos, que suelen ignorarse: el espíritu de cuerpo, y la buena organización que permitió evitar el pánico y salvar un número récord de hombres en la historia de las guerras navales (en las balsas agonizaron sólo 23, cuyos cuerpos fueron honrosamente llevados a tierra, y se salvaron 770). Todo esto, pese a diversos errores que también se mencionan, como, por ejemplo, el uso de medias de nylon, altamente inflamables.
Maquetas en 3D, fotos a veces inéditas o poco difundidas, breves representaciones, y varios testimonios constituyen el cuerpo de la obra. Es elogiable el discreto uso de las escenificaciones: apenas unos planos intercalados, sólo para darnos idea del horror, sin salir nunca del concepto de documental. Los testimonios, en cambio, son quizá demasiado formales. Se comprende en el comandante Héctor Bonzo, el segundo comandante Pedro Luis Galazzi, y el comandante del operativo de rescate Horacio Grassi, porque es el habitual modo de rendir informe de los hombresde armas, pero hay alguno que otro cuya tiesura limita la capacidad de emoción. Por suerte la cámara también registra gente algo más suelta, como el suboficial santafesino Isidro Riva, bien criollo, y a la viuda del cantinero santiagueño Heriberto Avila, el civil que murió tratando de salvar a su hermano.
Autor del documental, Juan Pablo Roubió, nativo de Punta Alta. Coproductora, la vieja revista «Gaceta Marinera», uno de cuyos directores fuera el capitán de fragata Francisco Sonvico, sobreviviente del «Belgrano» y también miembro de la reciente expedición que intentó localizar los restos de la nave.
Muchas historias como ésta podrían contarse. «No éramos ni del Proceso, ni militantes, simplemente nos tocó jugar ese partido, y lo hicimos», resume con una sonrisa el ex conscripto Juan Carlos Heinze.
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