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27 de junio 2006 - 00:00

Interesante experimentación

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La búsqueda del grupo La Raza encuentra en la voz de Lucía Pulido la intérprete ideal, y aunque no es una propuesta fácil, tiene muchos seguidores, según se pudo comprobar este fin de semana en La Trastienda.
Presentación de « Songbook II». Lucía Pulido (voz) y Fernando Tarrés (guitarra, dir. musical) & La Raza. Con R. Domínguez y L. Nacht (saxos), J. P. Arredondo (guitarra), J. Carmona (contrabajo) y C. Brandán (batería). (La Trastienda, 23 de junio.)

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El grupo La Raza existe casi virtualmente, ya que sólo de vez en cuando, la cantante colombiana, residente en Nueva York, Lucía Pulido, el guitarrista y director musical argentino Fernando Tarrés y sus músicos, pueden juntarse para ensayar. Pero por lo visto, el poco tiempo fue aprovechado al máximo para tocar en vivo en el Mercado de Bahía, en Brasil, el año pasado, para esta presentación en La Trastienda, y para grabar los discos « Songbook I y II», que ya lleva editados esta formación.

La experiencia intenta -y lo logra con creces- hurgar en los folklores, argentino y colombiano, pero pasándolo por un entorno musical que juega en los límites del free jazz, el rock más elaborado y la música culta contemporánea. No se trata de un producto de digestión fácil; y en ese sentido sigue asombrando Buenos Aires con tanto público dispuesto a escuchar este tipo de propuestas, con una Trastienda de buena convocatoria.

Los músicos no hacen la menor concesión. Los sonidos son duros, las armonías no se dejan escuchar cómodamente, los timbres de los instrumentos están forzados al máximo y los ritmos apenas lucen como en las versiones originales de los temas. Sobre ese soporte musical, Pulido se muestra como una cantante-única, capaz de cualquier cosa, de poner «orden» en el caos aparente, de hacer transparente lo que se propone oscuro. Jamás pierde la siempre impecable afinación, ni el sentido del ritmo, ni el eje de cada pieza. Podrá ser una canción «a capella» («Zafra»), piezas características de su tierra («Por qué me pegas», «Cantos de vaquería», «Velo qué bonito») o clásicosdel folklore argentino como «El cosechero», «La arenosa» o una selección de bagualas, pero siempre se deja ver la búsqueda, la intención de romper esquemas respetando la tradición, la experimentación como motor indispensable para cualquier expresión artística. En cualquier caso, la experiencia vale la pena.

R.S.

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