13 de enero 2004 - 00:00

Iron Maiden convocó a 25.000 fans

Iron Maiden convocó a 25.000 fans
Actuación de «Iron Maiden». Bruce Dickinson (voz) Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers (guitarras) Steve Harris (bajo) y Nicko McBrain (batería). (Estadio de Vélez Sársfield, 11 de enero.)

Aunque los grandes cambios en la escena musical mundial pasen por la digitalizacion y la música electrónica en detrimento de viejos géneros como el heavy metal y el hard rock, los veteranos «Iron Maiden» demostraron el domingo que siguen convocando a sus fieles. Pese a ser la quinta presentación de la banda en Argentina, la concurrencia en Velez fue notable, con 25 mil fanáticos que colmaron el campo pero dejaron casi toda la platea vacía.

El recital comenzó puntalmente a las 20.30, aun de día, y se extendió durante dos horas de incansable heavy rock. Arrancó con «Wildest Dreams» y «Wrathchild» y para el final se rerservaron «Lord of the flies», «No more lies» y «Hallowed be thy name». Pero el estadio estalló con «Fear of the dark». Con un castillo medieval de escenografía, custodiado por dos personajes oscuros a los extremos con afiladas guadañas, el montaje escénico se completaba con escaleras y alambres de púa, dando paso a los personajes que se iban alternando, según las diferentes muertes a las que aludieran las canciones.

Quizá conciente de su poca producción discográfica (trece discos), el año pasado la banda sacó una gran cantidad de CDs en tiempo récord. Como si los veteranos fueran a separarse o buscaran asegurarse bienestar en caso de retiro, «Iron maiden» agotó la diversificación de fuentes de ingreso: a tono con la decadencia del hard rock, buscaron explotar al máximo el negocio y editaron el disco en vivo de Rock In Rio 3. Luego decidieron lanzar «Eddie´s Archives», una gran caja con 77 temas, y a mitad de año pusieron en venta otro DVD, «Visions of the beast», la siempre rendidora historia completa de la banda, en videoclips, y anunciaron el lanzamiento del último disco, «Dance of death».

Las tribus metaleras que siguen a «Iron maiden» y otros grupos de este estilo son las más uniformadas y reconocibles de las muchas subculturas nacionales del rock. Visten de riguroso negro, remeras con logos del grupo; pantalones de jean «chupines» o rectos con cinturones plateados; botas (ayer se vieron más zapatillas estilo «All star», por el calor); menos pelos largos que en los ´80 pero siguen las chuzas desalineadas en hombres y mujeres, como la de los músicos veteranos que lucen pelos largos canosos. Los tatuajes son excluyentes.

Ese público deliró menos con los tres temas del último disco, «Dance of death», «No more lies» y en versión acústica «Wildest dreams» que con los clásicos «Brave new world» (coreada por todo el estadio), o «Run to the hills», entre otras. Como todo buen líder de bandas de rock, el vocalista Bruce Dickinson derrocha el carisma que su público venera.

Además de su excelente voz, más disfrutable en temas lentos que cuando se desgarra la garganta en las canciones más duras, buscó interactuar todo el tiempo con el público. El intercambio espiritual era más gestual y corporal que a través del diálogo, pues aunque los fans vociferaban respuestas a sus preguntas casi nadie entendía qué decía.

El estadio se venía abajo cuando el líder gritaba
«Buenos Aires o Argentina». Otro guiño para el público fue entonar a capella el estribillo de «Don´t cry for me Argentina». Pese a sus 45 años, su excitación se equiparaba a la de sus seguidores enfervorizados que oscilan los 25, tanto que no paró de correr por el escenario ni en los lentos. Cuando tocaron «The Number Of The Beast» apareció «Eddie Hunter», la mascota del grupo caracterizada en un muñeco gigante que simulaba querer secuestrar a los músicos.

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