El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Gardner no se detiene en los delirios teológicos, arremete contra teorías astronómicas sobre el choque de un asteroide contra la Tierra, conjeturas sobre la Estrella de Belén, técnicas seudomédicas como beberse la propia orina o que masajeándose el pie se curan infinitos males. Si para Borges el psicoanálisis era «la rama obscena de la ciencia ficción» y Nabokov declaró a Freud «el chiflado de Viena», Gardner habla de «un suedocientífico sin la menor idea de cómo confirmar sus conjeturas». También se divierte explicando las «proezas académicas» del chamán peruano Carlos Castañeda. Pero para comenzar desternillándose de risa se debe saltar al capítulo sobre Ovnis yendo de la vida de un «senador extraterrestre» a la trágica historia de los suicidios de la secta Puerta del Cielo. Gardner es estimulante, provocador, en su defensa de la racionalidad, la auténtica ciencia, la lógica y el sentido común. Su libertad es tal que se permite decir, al estilo de Shakespeare, «además, creo que existen verdades tan fuera de nuestro alcance como el cálculo para la mente de un gato». Informate más
Dejá tu comentario