Obra de
Giovanni
Boldini
recientemente
subastada en
u$s 1 millón.
Fue el
retratista
preferido de
las familias
argentinas a
principios del
siglo XX.
Los coleccionistas argentinos, durante los primeros sesenta años del siglo XX, se dedicaron a comprar pinturas italianas, españolas y francesas del período 1880-1930. Era la pintura considerada adecuada para decorar sus casas y palacetes. Los mercaderes europeos alquilaban las salas de Witcomb y las otras galerías porteñas, y nos ofrecian aquello que no tenía buen mercado en Europa en aquellos tiempos: los artistas considerados «pequeños maestros».
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Estas obras son vendidas por las grandes casas de remate en subastas tituladas «Arte europeo del siglo XIX», aunque la mayoría de las obras ha sido realizada en el siglo XX. El pasado martes a la mañana, Sotheby's, en su sede de Manhattan, vendió 83 pinturas y esculturas en muy buenos precios, confirmando la ansiedad de compra que hay en el mercado.
Algunos lotes se pagaron diez veces su estimación y, en general, duplicaron las bases las obras de importancia. Es la temática lo que se valoriza más, inclusive que la firma; por ejemplo, de un pintor polaco que trabajó en Roma a fines de 1890 se pagaron 1,4 millones por una pintura académica ambientada en el Imperio Romano; hace dos años se pagaron 153.000 dólares por una pintura similar; es decir, que no sólo triplicó la base sino que multiplicó por diez el mejor precio logrado jamás.
Otro artista en alza es el estupendo pintor de pasteles Leon L'Hermitte, que era uno de los favoritos de Vincent Van Gogh. Sus obras duplicaron sus bases y alcanzaron 330.000 dólares en algún caso; otro tanto pasó con Jules Breton y con el genial italiano Giovanni Boldini (1842-1931), que fue el gran retratista de la Belle Epoque y varias familias argentinas se retrataron con él. Se vendieron dos retratos en un millón y en 900.000 dólares. Es curioso pagar dichas cifras por retratos de señoras que no son ni parientes ni personajes famosos que podrían justificar tales valores.
Pero no todo es rosas en el mercado de arte, también algunos artistas pasan de moda como está ocurriendo con James Tissot, que ya no logra venderse en siete cifras. Una correcta pintura por la cual Edmond Safra, que murió en forma misteriosa en Mónaco, pagó 880.000 dólares en 1993, no consiguió comprador en el 50. Un bellísimo retrato del sueco Anders Zorn que fue pagado, en 1989, medio millón, no logró comprador en 300 mil.
Sin duda la pintura que tiene como atractivo la temática sufre grandes fluctuaciones: a principios del siglo XX, 60% de las pinturas eran retratos; el arte «serio» era siempre con figuras, y las vistas y paisajes sin personajes carecían de mercado. Hoy se paga mucho más una vista de Venecia luminosa que el retrato de una aristocrática dama. En fin, son las modas que sin duda influyen en el mercado.
Otro tanto ocurre con los temas orientales que fueron locura en la década del ochenta y hoy no tienen tanta demanda. En nuestro país, la mayoría de estas pinturas ya ha salido del país y sus clavos y espacios en las paredes están siendo ocupados por arte de los argentinos, algo que debemos festejar, ya que si nosotros no valoramos lo que tenemos, tampoco los de afuera lo apreciarán.
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